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Bienvenidos a Mis Memorias

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Memorias de niña...
"Nací en Cantabria el 30-3-44.
He sido profesora desde 1963, hasta 1991. Viví en Oviedo, Vigo, Madrid, Valencia y Palencia. He pasado los veranos..., por toda España...
En Francia, Alemania, Portugal, Inglaterra, Italia... Siempre con mis alumnas.
En 1991, -a la muerte de mi padre-, vuelvo a mi tierra para acompañar a mi madre.
No crucé el charco, pero pienso hacerlo para ver a Marga, compañera de risas y de tantas cosas buenas.
Todo en fin es Memoria de niña, eso nos volvemos con el paso de los años.
Y sobre todo, espero haceros pasar un rato muy agradable.
Torrelavega, a 26-12-2002.
Fiesta de San Esteban
Tu cumpleaños, Patricia. Tú nacías cuando mi padre se moría.
¡La vida se renueva!

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Grabé este video, un domingo por la mañana, que estaba sola en casa... Está regular, pero... ¡No lo voy a repetir, que será peor!
11月29日

Mis Memorias: 1957 Internas en Cóbreces

 

Aprender a decir gracias costó muchas preguntas:


¿Cómo se dice?


Aprender a decir mío, ninguna.


La educación es un arte que requiere maestros.


¡Gracias a nuestros maestros!



CÓBRECES


Desde el 1 de octubre de 1957 pasamos Marga y yo seis años internas, en Cóbreces.


Cóbreces es un pueblo de monte y costa, con una playa de mar abierto, donde en una ocasión salvamos a una señora. Era tal la resaca, que tuvimos que hacerlo, atando el cabo a un caballo percherón que había por allí.

Desde entonces, íbamos a cualquier playa con una maroma de 20 metros y un flotador ¡por si acaso!


Cóbreces tenía, y tiene, tres monumentos importantes: La Parroquia, -de puntiagudas torres-, el Monasterio Cisterciense de La Trapa, y el Colegio.

Frente a la puerta principal una tienda-bar, donde las externas nos compraban el tabaco y tal. En lo alto y por detrás: La ermita de Santa Ana: Nunca subimos. A coger limones, sí.


A nivel local la noticia más sobresaliente fue el 14 de diciembre en que la Guardia Civil acabó con la vida de los maquis El Juanín y El Bedoya que formaban parte de una banda que sembró el terrorismo en la provincia.

Nadie por cierto lo llamó “terrorismo de estado”, bien es verdad que tampoco los mataron. Me pasmo de las palabras que inventan ahora..., divorcio…, interrupción voluntaria del embarazo..., muerte digna..., todo inventado, para justificar cosas que no existen.

Nosotras en el colegio también estábamos un poco atemorizadas, porque sobre todo El Juanín era muy peligroso, asaltaba las casas.


Y -para mi consuelo-, el 28 de diciembre llegó a Santander el hombre más pequeño del mundo: Medía 76,20 cm.

Estaba empezando el Imperialismo Bancario.

En la Iglesia Católica reinaba Pío XII.

La madre Teresa de Calcuta fundó “Las Misioneras de la Caridad.

Se descubrió petróleo en Libia.

Se publicó la Encíclica papal “Fidei Honum” y la Constitución eclesiástica y régimen Patriarcal y Sinodial (Cod.).

Rusia, la URSS, lanzó el primer satélite artificial: El “Sputnik”.

Y... Albert Camus, consiguió el Premio Novel de Literatura.


El año anterior los Cardenales Mindszenty y Wyszynski, polacos habían sido liberados, al desestalinizarse Rusia..., en fin, esto es otra historia. Triste historia que aquí no nos cabe.


***


Total, que me quedaron en junio el latín y el francés de Segundo de Bachiller.

Ese verano, de 1956, conocieron mis padres a los Echevarría. Las consecuencias fueron nefastas para mí. Nos metieron internas a su hija Maribel y a mí, en Cóbreces. Y a Ignacio-Pedro en los Salesianos.

Mi primo José Fernando fue a La Salle. La Salle era mejor Colegio. Por lo menos iban los niños más conocidos, pero mi padre estaba de tonterías hasta más arriba de la punta del pelo. Allí estudiaban Jaime y Sindo1 Ingelmo, los mexicanos.


El colegio de cóbreces:

Se llamaba del “Patrocinio de San José”. Lo regentaban las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, españolas.

Mamá había ido a las francesas, -como te dije-.

A Marga le encanta decir que mamá fue a ver a las Madres de los Sagrados Corazones, y las dijo:

- Blancamelia ya aprendió todas las tonterías que tenía que aprender, así que la llevamos interna, a ver si ahora estudia algo.

La Madre respondió:

- Déjala: Loli, que es muy pequeña. Conversación que, -siempre según Marga- acabó mamá diciendo:

- En casa, Madre, todos somos “muy pequeños”, pero no hay ninguno idiota.


Cambio de uniforme


El 1 de octubre de 1956 empezó el curso en el internado. Uniforme azul marino con abrigo de botones dorados y una boina grande. Para estar a diario, baby negro con cuello blanco de plástico, medias de espuma negras -luego, llenas de carreras cosidas-, y zapatillas “Bamba”.

Llevé también colchón, -de lana bareada2-, sábanas, camisones de manga larga (“de manga larga” lo ponía en el papel de útiles-, cubiertos, servilletero, y vaso de plata3: Marcados.

Me dieron el nº 151, -hasta ese día sólo había 150 niñas-.

A Marga le dieron el 16. Y, éramos eso, 151 internas.

También había un edificio aparte con las niñas gratuitas que llevaban un baby azul añil. No las veíamos apenas. Se encargaba de ellas Sor Mª Julia, que a nosotros no nos daba nada. ¿Nada? ¿Y el francés?


EL ENCUENTRO


Marga y yo nos encontramos en el tercer piso. En uno de los pasillos de los dormitorios. Eran unos pasillos anchos, anchos, con quince o dieciséis camarillas en cada uno, y una monja en la mitad, con puertas de cristales opacos.

Se llamaban: San José, La Milagrosa, La Sagrada Familia, y alguno más. Luego hicieron “el nuevo”, para las medianas. Una sala enorme con treinta camas o así. Allí dormí el primer año, ¡cómo era bajita...! Marga siempre en camarilla.

En el segundo piso estaba el del Niño Jesús, con las pequeñas. Y aún había otro: La enfermería, con diez o doce camas y la monja con cortinilla.

Nunca supe que nadie mirara ni corriera esa cortina. Claro que en los últimos tiempos dormía allí Sor Matilde Leóz, que te mandaba copiar una lección por menos de nada.

Al principio Marga creyó que era de broma, pero ya, ya.

Cuando había mucho jaleo porque estábamos solas, llegaba Sor Raquel y con uno de los hierros de sujetar las ventanas..., pin-pan. Domadas.


Las camarillas


En cada camarilla sólo cabía una cama de 80 cm, la mesita de noche, y una silla. La de las monjas igual, pero con una jarra y una palangana. Se levantaban a las seis de la mañana, y allí se lavaban de arriba a abajo. Yo oía el agua y las pisadas al ir al baño a tirarla. Nosotras también teníamos vaso de noche, orinal, que nosotras llamábamos “el perico”, para hacer pis, pero de todas maneras nos levantábamos cuarenta veces al baño.

Una de las primeras gracietas

Una noche se nos ocurrió ir todas a usar el perico de Mª del Mar, que era de Reinosa. ¡Pobre! Al día siguiente la vimos pasar hacia el vertedero, para vaciar tan lindas aguas.

Menudos gritos y abrazos cuando –como te digo- Marga y yo nos encontramos. No sabíamos que nos iban a llevar internas a las dos. A ella la llevaron, y allí la dejaron, era tremenda. Al día siguiente le mandaron el colchón y todo lo demás...

No he dicho que yo, hasta entonces, era bastante “atontada”, allí me espabilé. Marga ya llegaba “espabilada.” Al cabo de los meses, fuimos una pandilla terrible.

El primer trimestre Marga y yo no fuimos a ninguna clase, las de 2º, creían que éramos de 3º (de bachiller, 13 años) y las de 3º de 2º. Como allí no había, ni pasar lista, ni filas, ni nada... Miento. Filas si había. Pero como de 14 en fondo. No como en el otro colegio: Todas en la raya, con un brazo de separación entre una y otra, en silencio. Volviendo a la fila de 14 en fondo. Una de las primeras noches, cuando ya nos íbamos a la cama, sor María Navalón4, le pegó un tortazo a una niña, que la tiró contra todas. Nos quedamos un poco heladas, pero luego: Nos dio la risa.

A partir de entonces decíamos a todas nuestras amigas que, nuestros padres, nos habían llevado a un correcional. Para avergonzarlos.



1 Sindo murió hace unos días (2002), allí en México.

2 Vaciaban el colchón de lana, y sobre un enrejado de palos, suspendido por dos caballetes, le daban golpes para quitarle todo el polvo, con una vara (palo) de avellano. Después la lana se espía a mano, y se rellenaba el colchón con la tela recién lavada y tendida “al verde”. Al final se cosía: Primero el centro, luego, con una aguja especial, curva, el “burlete” si era a la inglesa. Para la confortabilidad, no influía nada, pero la cama quedaba mejor hecha, más cuadrada.

3 Como en el reglamento taurino.

4 Era de Badajoz, y nos contaba cuando nos quejábamos por no tener calefacción, -en el dormitorio nuevo había una estufa de Butano para las treinta camas o así-, que, en su pueblo hacía tanto frío, que cuando iba a la escuela, su madre la peinaba con agua para hacerle la trenza. Al llegar a clase, el agua se le había convertido en hielo.

11月28日

Mis Memoria: Aquella pitillera era entonces el único Sagrario


¿Qué se siente, cuando uno ha conocido a una personas estupendas, y pasados los años, los ve en una estampa para la devoción privada, en proceso de beatificación?


No..., sé explicarlo.



No sé.


Me entran ganas de escribir todo lo que recuerdo de ellos. En este caso de don Tomás Alvira.


Don Tomás, yo lo llamaba así.



Lo conocí en mayo de 1965, en las Oficinas Centrales de Fomento de Centros de Enseñanza, -entonces con sede provisional en Fernando IIIº el Santo-.


Ya lo escribí en mis memorias...


Es la persona más amable que he conocido.


Sonriente y agradable..., lo ví siempre.


Un hombre bueno.


Él me recibió en Fomento y de él me despedí, cuando en 1976 me llamó para que fuera a su casa. Me ofreció trabajar en la Escuela Universitaria del Profesorado de Mirasierra, -también de Fomento de Centros de Enseñanza-, pero yo ya me había comprometido con Guadalaviar, y era inminente mi partida para Valencia.


De todas formas recuerdo que me recomendó un libro: "Gramsci". Y lo leí.


Especialmene interesante los cuadernos desde la cárcel "Hegemonía", lo llama; para saber cómo es la sociedad en la que estamos trabajando.


Cómo pudo desde la cárcel, y muerto con apenas 46 años, conocer tan bien lo que llamaba la estructura, y una vez conocida, saber cómo actuar...


De su boca oí el "heróico" relato del Paso de los Pirineos en 1937. Lo he buscado escrito por él, pero no lo hizo.


Sin embargo copio de su biógrafo:



"Pensaba que las utopías de izquierda desconocían la naturaleza del hombre, su sentido, y sus valores más inalienables; a la derecha la calificaba de mediocre, sin nervio y originalidad para resolver los problemas de la sociedad, porque en el fondo era medrosa y codiciaba sus privilegios...

Sin excepcionales entusiasmos por la monarquía, la aceptó y respetó cuando llegó el momento”.


Así era don Tomás.



Y copio cómo fue su vocación al Opus Dei, el primer supernumerario del mundo:


Una tarde, el 1 de septiembre de 1937, conoce en la pensión a un hombre de unos 35 años, vestido con un mono gris de trabajo, extraordinariamente delgado, cosa frecuente, por otra parte, en aquellos momentos de escasez de alimentos.


Es sacerdote, y se ve obligado, en aquel clima de feroz persecución religiosa, a vestir de paisano; se llama Josemaría Escrivá.


Es el fundador del Opus Dei. Comienzan a charlar. Alvira oye por primera vez, sorprendido, de la posibilidad de ser santo en la vida cotidiana, en el trabajo profesional, tanto en el celibato como en el matrimonio.


Ese mensaje evangélico le impresiona hasta tal punto, que cuando el sacerdote se despide de Albareda, decide acompañarle. Está convencido de que este encuentro marcará su vida.


—¿Dónde vas? –le pregunta Escrivá.


—Donde usted vaya —le responde Alvira.



Y le abre su alma con plena confianza, mientras caminan cerca de la verja del Retiro. Llegan a la calle Ayala, pasando por Alcalá y Serrano. En este paseo breve, pero decisivo, Alvira comienza a comprender que ésa es la misión de su vida, la voluntad de Dios para él: entregarse plenamente a Dios en el matrimonio.


Ése es su modo específico para hacer la Iglesia, para ser santo. Esa es su vocación; su don y su tarea en este mundo.


¿Qué ha descubierto?


¿Un nuevo método para acercarse a Dios?


No.


¿Un nuevo enfoque sobre la moral cristiana?


Tampoco.


El Fundador del Opus Dei no le ha propuesto una especie de “catolicismo original”.


Le ha recordado una propuesta genuinamente cristiana —la llamada universal a la santidad— con un carisma concreto, el del Opus Dei.


Una llamada universal, que está tan claramente expuesta en las páginas del Evangelio —“sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”— como desgraciadamente olvidada en este primer tercio del siglo XX.




El que pego a continuación es el relato de un gran historiador alemán, -Peter Berglar-.


Por su misma condición, de no ser español, pone distancia al tiempo y a la historia, pero de que fue heróico y milagroso, aquel paso de los Pirineos, lo fue.



***



En abril de 1937 se planteó nuestro Padre por primera vez la idea de abandonar la Legación de Honduras y ganar la otra zona huyendo a través del frente.


Hubiera existido tal vez una posibilidad, ya que varios miembros de la Obra eran soldados en el ejército republicano, unos porque habían sido reclutados y otros para evitar males peores.


Al final se abandonó el plan, por irrealizable. Entonces, don Josemaría, que carecía de cualquier tarjeta de identidad, puso todo su empeño en conseguir un «documento» que le permitiera salir a la calle con un mínimo de seguridad.


Después de muchos esfuerzos consiguió por fin un certificado que le acreditaba como «intendente general» de la Legación de Honduras y abandonó su encierro.


Así, al cabo de trece meses, pudo volver a salir a la calle con un riesgo que, si no era nulo, por lo menos era menor que el de antes.


Fue a vivir a un pequeño ático en la calle de Ayala, una zona donde nadie le conocía de vista.


Había adelgazado mucho ("Su madre lo reconoció por la voz", la aclaración es mía) y, con su traje de calle gris, aunque le estaba algo grande, y su corbata, no tenía aspecto de sacerdote disfrazado.


De inmediato volvió a su vida acostumbrada.


Con increíble rapidez empezó a desarrollar una intensa actividad apostólica, hablando con muchas personas de amigo a amigo y como consejero espiritual, celebrando Misa (en casas privadas, por supuesto, en secreto y con graves peligros), administrando los Sacramentos e incluso dando ejercicios espirituales.


Gutiérrez Ríos ha descrito unos que duraron tres días; participaron unas cinco o seis personas jóvenes, Zorzano y Albareda entre ellas.


Llegaban por separado.


Escuchaban una meditación y enseguida se iban, cada uno por su lado.


Por la calle meditaban sobre lo que habían escuchado y rezaban en silencio el Rosario; luego se reunían para la segunda meditación en otra casa, para la Misa en una tercera.


En esas circunstancias, cada día que transcurría sin percances era un regalo de Dios.


Don Josemaría y los que le rodeaban pensaban que, al final, la victoria sería de los llamados «nacionales» y con ello la persecución de la Iglesia llegaría a su fin:


Dios había salvado a su Iglesia a través de las persecuciones de los emperadores romanos, de los árabes y los turcos, de las revoluciones francesas y rusa, y Él haría que también sobreviviera a esta guerra...


Ahora bien, la seguridad que les proporcionaba la fe y la experiencia histórica no daba respuesta clara a la pregunta de cómo debe comportarse cada cristiano en una situación concreta; no daba respuesta a la alternativa que se le planteaba a don Josemaría: permanecer en Madrid o salir de allí;


¿debería huir?...


¿Podría irse?...


¿Tendría que hacerlo?


Dios quiere nuestra confianza, no nuestra pasividad.


En aquellas circunstancias difíciles el Fundador del Opus Dei se mantuvo con fe firme y confiada como la de un niño, obediente siempre al querer de Dios; pero esa fe estaba siempre unida al oído más atento a las inspiraciones del Espíritu Santo.


Y la cuestión que ahora se planteaba era:


¿Cuál es la Voluntad de Dios en esta situación especial de comienzos del otoño de 1937?


De seguro que Dios esperaba, en primer lugar, que pusiera todos los medios: entre ellos, el juicio sereno, la valoración de las propias fuerzas físicas y psíquicas.


Don Josemaría podía argumentar diciendo:

«Si Dios quiere realizar el Opus Dei a través de mí, entonces me protegerá y me salvará donde estoy ahora, y me salvaría incluso en el calabozo de una checa».


Ese razonamiento parece humilde y lleno de confianza..., pero, de haberlo aplicado, hubiera sido temerario e incluso impertinente; algo así como si un hijo que estuviera en dificultades le dijese a su padre:

«A ver qué haces, tú me has traído al mundo; ahora tienes que sacarme de apuros, al fin y al cabo es tu deber; yo no hago nada, espero a ver qué haces tú ... »


Esto sería absurdo; un hijo tiene que intentar resolver por sí mismo las dificultades, y buscar el camino para arreglárselas por su cuenta.


Su padre le quiere, pero precisamente por eso no le quita la libertad en sus decisiones.


Y la decisión, en este caso, era enormemente difícil: por una parte, la supervivencia y el desarrollo de la Obra exigían que el Fundador abandonara la zona republicana, pues permanecer allí y exponerse cada día y cada hora al riesgo de encarcelamiento o de la muerte suponía tentar a Dios, querer forzarle...

Por otra, en la capital quedaban su madre, su hermana y su hermano de dieciocho años, así como Isidoro, Álvaro y todos los que no podrían huir.


Irse ¿no significaba dejarlos en la estacada?


¿No se podría pensar que era miedo o falta de audacia?


Con fuerza inaudita se planteaba el problema de la «rectitud de intención», que obligaba al Padre a examinar lo más profundo de su corazón:


¿Qué respondería mejor a la caridad: quedarse o huir?


Fue una lucha en la oración, una lucha que fue creciendo hasta convertirse en un tormento, pero, al final, la decisión estaba tomada: huir.


Sin duda fue aquélla una de las situaciones más difíciles de su vida, pues en las semanas y meses que siguieron, casi hasta el último día de la aventura, cuando pensaba en los que se habían quedado, renacían las dolorosas dudas, y en más de una ocasión faltó poco para que se volviera atrás.


El mes de septiembre transcurrió haciendo planes y estudiando posibilidades.


Por fin se decidió que se intentaría la fuga a través de los Pirineos, un camino que habían recorrido ya muchas expediciones con mejor o peor suerte.


En primer lugar había que ir a Barcelona, para tratar de establecer contacto con alguno de los guías que, de cuando en cuando, conducían grupos de fugitivos a Andorra.


Eran hombres jóvenes, duros y atrevidos que conocían las rutas escondidas en las montañas como la palma de su mano, contrabandistas que llevaban «mercancía humana».


La peligrosa profesión había surgido en aquellas circunstancias anormales, y peligro era también seguirles por aquellas rutas intrincadas.


En bastantes ocasiones, los guardias fronterizos descubrían a grupos de fugitivos que eran fusilados de inmediato.


De Madrid no partían trenes, porque la ciudad estaba casi sitiada.


La única salida era la carretera de Valencia.


Conseguir un coche y la gasolina necesaria no era fácil, pero por fin se arregló todo y llegó la hora difícil de la despedida: de la madre y de los hermanos, de Isidoro Zorzano y Alvaro del Portillo, de todos los que tenían que quedarse en Madrid.


El 7 de octubre partieron hacia Valencia.


Acompañaban a don Josemaría, Juan Jiménez Vargas, José María Albareda, Manolo Sainz de los Terreros -en cuya casa de la calle Sagasta había pasado el mes de agosto de 1936-, y Tomás Alvira, un profesor de Instituto, amigo de José María Albareda, al que había conocido hacía pocos días.


En Valencia se encontraron con Pedro Casciaro y Francisco Botella, dos estudiantes de arquitectura que pertenecían a la Obra.


Los dos estaban dispuestos a acompañar al Padre, aunque en aquel momento no se veía la forma de hacerlo. Estaban movilizados y destinados a servicios auxiliares en el ejército republicano.


Pedro trabajaba en la oficina de la Dirección General de los Servicios de la Remonta.


Pedro Casciaro rememora una conversación que tuvo con su compañero de estudios, que refleja bien las disposiciones interiores de aquellos dos jóvenes:


«Desde esa tarde habíamos pasado a ser de los "mayores" de la Obra, de los que el Padre necesitaba para sacar adelante lo que era voluntad de Dios.


Recuerdo que hasta hicimos un comentario con buen humor:


"Convéncete -dijo uno-, que hoy hemos dejado de ser un par de jovenzuelos inconscientes y que no hay más remedio que comenzar a ser hombres responsables».


Estaba previsto que Pedro Casciaro y Francisco Botella se quedaran en Valencia hasta que recibieran nuevas noticias e indicaciones desde Barcelona.


Mons. Escrivá y sus acompañantes recorrieron los trescientos cincuenta kilómetros que separan Valencia de Barcelona en tren... en compañía del Señor, pues el Fundador llevaba sobre el pecho las Hostias consagradas, en una pitillera de plata que metía en una bolsita rectangular con los colores de la bandera hondureña.


Aquella pitillera era entonces el único Sagrario del Opus Dei.


Por el camino, el Padre estuvo continuamente rezando en voz baja, sin nerviosismo alguno, pero con preocupación y pesar por los que había dejado en Madrid y en Valencia.


Al oír las blasfemias que algunos viajeros pronunciaban continuamente, el Padre decidió consumir las Sagradas Formas.


No tuvo más remedio que hacerlo en el lavabo del vagón.


Alguna vez, en años posteriores, habló, siempre con el mismo dolor y con el mismo amor a Jesús Sacramento, de esta Comunión nocturna que se había quedado muy grabada en su memoria.


La huida: de España a España


En Barcelona estuvieron seis semanas, que se convirtieron en una dura prueba para los nervios de todos.


Había que conseguir tomar contacto con posibles guías para pasar el Pirineo.


Eso, además de no ser fácil, costaba dinero.


Del dinero dependía todo; sin dinero no habría admisión en un grupo de fugitivos...


Los guías exigían que se pagara en billetes del Banco de España expedidos antes del 18 de julio de 1936.


Con esta actitud daban a conocer qué victoria preveían: la junta de Defensa Nacional, formada en Burgos, había declarado por radio que una vez terminada la guerra no reconocería el dinero acuñado posteriormente en Madrid por el gobierno republicano.


La estancia en Barcelona también costaba dinero, por mucho que trataran de ahorrar pasando hambre.


Buscaron diversos alojamientos.


Don Josemaría, Juan Jiménez Vargas, Tomás Alvira y Manolo Sainz de los Terreros se alojaron al principio en un hotel, pero a los pocos días el Padre y Juan se trasladaron a la pensión de una señora, viuda de un Coronel. Tomás y Manolo encontraron otra pensión.


Superando graves riesgos, Juan Jiménez Vargas, que se estaba convirtiendo en motor y organizador de la empresa, logró traer a Barcelona a Pedro Casciaro, Paco Botella y Miguel Fisac, un estudiante que desde el principio de la guerra había permanecido escondido en el desván de una casa en La Mancha.


Los tres jóvenes, desertores del ejército republicano, no sólo se encontraban continuamente en peligro de muerte, sino que, además, constituían un grave riesgo para todo el grupo, por ser los primeros que podrían llamar la atención.


Habían encontrado alojamiento en una casa en la que reinaba una absoluta distinción... y un hambre absoluta; incluso el pobre perro pasaba tanta hambre que, en su desesperación, llegó a devorar un cinturón de cuero de Pedro, los calcetines que Paco había colgado a secar e incluso un pedazo de jabón, por lo que durante días estuvo soltando espuma...


José María Albareda vivía en casa de su madre.


Estaban allí también dos sobrinos de cinco y siete años de edad, que pasaban horas haciendo cola para conseguir una ración de tabaco para un soldado, que se lo premiaba con un pedazo de pan.


La suerte (aunque las había más crueles) de los dos chiquillos hambrientos, cuyos padres habían tenido que huir a Francia, le partía el alma a don Josemaría. «Juega con ellos -solía decir a Pedro-, entretenlos un rato.»


En cierta ocasión, Pedro les preguntó si querían que les dibujara algo. Le pidieron, unánimes, «que les pintara un plato con un par de huevos fritos», lo que Pedro hizo, sin pensarlo más, y añadiendo por su cuenta unas salchichas. Cuando el Padre vio la escena, dijo a Pedro, sin que los niños lo oyeran:


«¿Pero no te das cuenta, hijo mío, que es una crueldad mental dibujarle eso a estos niños hambrientos?».


Tras largos esfuerzos y bajo enormes dificultades, finalmente habían podido tomar contacto, a través de intermediarios, con los guías.


Pero en la segunda mitad de octubre, un grupo bastante numeroso de fugitivos que se encontraba ya en territorio andorrano había sido descubierto por las tropas republicanas en un descampado visible desde territorio español y habían acribillado a balazos a todos los componentes de la expedición.


La prensa informaba con júbilo sobre el hecho. De inmediato, los intermediarios desaparecieron, a la vez que se reforzaba enormemente la vigilancia en la frontera y en el camino hacia los Pirineos.


De golpe todo el empeño de fuga parecía peligrar. Sin embargo, no se desalentaron y siguieron esperando que se presentase la ocasión oportuna.


Como la espera se prolongaba, el Fundador fue a visitar a un viejo amigo, compañero de estudios en la Universidad de Zaragoza, que ocupaba un importante cargo como Magistrado al servicio de la Generalidad de Cataluña.


El Padre, que, según se ve, sabía leer en los corazones, le confió que pensaba pasar a Francia con algunos jóvenes.


El juez le ofreció su ayuda, pero don Josemaría rechazó la oferta para no comprometerle.


Entonces, aquel hombre, que apreciaba mucho a su antiguo compañero de estudios, le hizo ver lo arriesgado de su plan y le propuso proporcionarle un trabajo como abogado en Barcelona, pero don Josemaría no quiso aceptar.


A continuación el juez le invitó a la Audiencia para que presenciara el juicio de unos que habían intentado fugarse y que fueron condenados a muerte.


Aunque esto le conmovió profundamente, permaneció fiel a su decisión.


Al final, el juez, aunque sabía que con ello se ponía a sí mismo y a su familia en peligro, le dijo que, si les capturaban y no les fusilaban en el acto, dijera que era hermano suyo; quién sabe si de este modo abriría una remotísima posibilidad de salvarle...


Aquel hombre no era creyente; estaba, por decirlo así, «de parte del enemigo»... pero tenía corazón y gran cariño por aquel sacerdote.


Más tarde, el Fundador comentaría muchas veces que le recordaba y rezaba por él.



***




Era como si cada día que pasara no tuviera fin.


Un verdadero tormento.


El Padre celebraba todos los días la Misa en la pensión en la que vivía, aun cuando no todos pudieran asistir, porque no era prudente tener una reunión de tantas personas.


A diversas horas acudían a la pensión para comulgar.


La consigna más importante era no llamar la atención.


Tenían que pasar por personas que habían sido evacuadas, como tantas otras que habían abandonado sus hogares por causa de la guerra, y que tenían una ocupación regular en la ciudad.


Siempre y en todas partes se les podía descubrir, claro está, pero en la calle era donde más posibilidades tenían de pasar inadvertidos.


Por eso pasaban prácticamente todo el día paseando, rezando el Rosario o sumidos en una oración sin palabras; horas y horas caminando, sin dinero en el bolsillo y siempre con hambre...


El hecho de sentarse en un banco de cualquier calle para descansar un poco podía despertar sospechas y suponía un riesgo.


Cada policía que veían, hacía que el corazón les latiera más fuerte; cada hoja del calendario que se arrancaba recordaba la urgencia de salir de allí, porque corría ya el mes de noviembre, se acercaba el invierno y pronto los Pirineos se harían intransitables para los fugitivos.


Por fin, el intermediario con quien el Padre había establecido contacto dio señales de vida.


Todo sucedió con gran rapidez y pronto les llegaron indicaciones precisas sobre la fecha, el modo y el lugar donde se reuniría el grupo.


Quien haga en coche ahora el recorrido entre Barcelona y Andorra le costará hacerse idea de lo que era hacerlo en aquellos tiempos de la guerra.


Hoy encontrará una buena carretera, a pesar de que en la segunda mitad atraviesa una zona montañosa, siguiendo el curso del río Segre.


Los fugitivos debían alcanzar el pequeño Principado por caminos muy diferentes.


La primera etapa desde Barcelona la hicieron en autobús.


Después, la única posibilidad era marchar a pie hacia el norte, caminando únicamente de noche, para no ser vistos, por agotadores senderos de montaña que sólo los guías conocían.


Podemos distinguir tres fases en la peligrosa expedición.


Primero, el viaje desde Barcelona hasta el punto de reunión acordado, en el que se formaría el grupo, fase que cubrieron entre el 19 y 22 de noviembre.


Después, una estancia de cinco días, del 22 al 27, esperando el momento oportuno.


Finalmente, el paso del Pirineo, caminando cinco noches consecutivas, entre el 27 de noviembre y el 2 de diciembre, hasta conseguir llegar a la frontera con Andorra y pasarla sin ser descubiertos.


Don Josemaría, José María Albareda, Juan Jiménez Vargas, Francisco Botella, Pedro Casciaro y Miguel Fisac partieron de Barcelona el 19 de noviembre.


Estaba previsto que los otros dos, Tomás Alvira y Manuel Sainz de los Terreros, les siguieran algunos días más tarde y se reunieran con ellos por el camino.


Para no llamar la atención, subieron al autobús de Seo de Urgel en dos grupos de tres personas; Albareda, que era quien mejor podía hacerlo, había conseguido los billetes; en un momento determinado casi se le paró el corazón cuando, en la larga cola, un señor mayor, correctamente vestido, le preguntó muy cortés e inocentemente, pero en voz alta: «Por favor, señor: ¿es éste el autobús que va a Andorra?».


Los seis que estaban en el autobús no viajaron juntos hasta el pueblecito de Peramola, primer punto de reunión, sino que, por motivos de seguridad, Pedro Casciaro, Francisco Botella y Miguel Fisac se bajaron antes para recorrer a pie el resto del camino.


Pero no llegaron al tiempo convenido a Peramola, por lo que el Padre pasó momentos de gran preocupación, a la que se añadía la inseguridad respecto a los dos «rezagados», Tomás Alvira y Manolo Sainz de los Terreros.


La consigna era caminar de noche y mantenerse escondidos durante el día.


Y nada de iniciativas personales; de la obediencia incondicional a las indicaciones de los guías dependía el éxito.


Estos guías eran, en su mayoría, jóvenes atrevidos, acostumbrados a penas y fatigas; conocían la zona como los rincones de su casa y ejercían una «profesión» tan arriesgada para sus vidas por una serie de motivos, entremezclados entre sí: a la aversión contra el régimen republicano se unía sin duda el aprovechamiento material de una situación de emergencia.


Esto no era tan indigno como puede parecer.


Se trataba de personas que habían llevado una vida dura, llena de privaciones, a menudo al borde del mínimo necesario para subsistir: ¿se podía esperar o exigir de personas así que pusieran su vida en juego sólo «por caridad»?


El primero de los guías, que condujo a don Josemaría, Albareda y Jiménez Vargas desde la carretera donde había parado el autobús hasta Peramola, respondía al nombre de Tonillo, tenía unos cuarenta y cinco años y era algo así como el «factotum» del pueblo: cartero, sacristán, ayudante del alcalde, relojero... O sea, una persona imprescindible.


Enseguida entabló conversación con el Fundador.


Le impresionó que no escondiera su condición sacerdotal.


Muchos años después recordaría su encuentro con él: «Era jovial, decidido, valiente. Se le veía muy listo. Le dije:


"Si usted sale de ésta, hará carrera".


La primera noche, del 19 al 20 de noviembre, la pasaron en un pajar de Peramola.


La segunda, en la masía de Vilaró; iba creciendo la inquietud, porque los tres estudiantes no aparecían.


Por fin, en la mañana del 21, llegaron; el Fundador les estaba esperando para celebrar la Misa.


Al anochecer del 21 de noviembre salieron de la masía.


Hacía un frío intenso.


La ropa y el calzado eran absolutamente inadecuados.


Les condujeron a Pallerols, situado a media hora escasa de camino.


Junto a la pequeña iglesia parroquial estaba la casa que había sido del cura.


Estaba todo abandonado y desmantelado.


Encontraron un viejo horno; tenía en el suelo, para proteger del frío, algo de paja que alguien había extendido. Como pudieron, los seis intentaron acomodarse en su «vivienda».


«Entre las sombras que proyectaba dentro del horno una mugrienta candela -escribe Casciaro- pude vislumbrar el rostro abatido del Padre: nunca lo había visto así.


Conversaba con Juan como discutiendo en voz baja.


De pronto oí decir a Juan una frase que me desconcertó aún más:


"¡Usted va adelante vivo o muerto!"».


El joven Casciaro no podía creer lo que oía.


Ninguno de ellos había hablado nunca en ese tono con el Padre, a quien ahora estremecían sollozos convulsivos.


Y, sin embargo, esa forma de hablar no había sido una falta de respeto, sino una muestra del cariño que Juan Jiménez Vargas le tenía: estaba convencido de que en ese momento lo único que podía ayudar al Padre era una palabra enérgica. Pues parecía claro que se encontraba en una grave crisis respecto a su decisión.


Las dudas le asaltaban: ¿estaba actuando bien al abandonar a algunos de sus hijos?


Por eso quería regresar a Madrid, de inmediato, ahora mismo.


Mientras que los demás, agotados, pronto cayeron en un profundo sueño, el Fundador pasó las largas horas hasta el amanecer en vela, rezando.


Desde lo más profundo de su corazón pedía a Dios y a su Madre una señal, una señal de que estaban de acuerdo, de que decían que sí a esta su decisión, que comprendía también la responsabilidad por la suerte de sus acompañantes y por el Opus Dei, aún tan frágil.


Al hacerse de día se levantó para hacer oración, como acostumbraba cada mañana; bajó a la iglesia por una escalera interior.


Estaba totalmente vacía, porque todo -el altar, las imágenes...- había sido destruido y quemado.


Al cabo de una media hora regresó, absolutamente cambiado.


La angustia de la noche pasada había cesado.


Ahora irradiaba paz, alegría y serenidad.


En la mano traía una rosa de madera: una rosa de la Virgen.


Quizá procedía del altar o de una imagen de la Virgen del Rosario que había estado en la iglesia y que habían quemado.


Aquella rosa había quedado intacta y el Padre la había descubierto allí, entre los restos de los escombros y cenizas que quedaban. Era el 22 de noviembre de 1937.


Conservó la rosa con gran cuidado.


En la actualidad se encuentra en la Sede central de la Obra, en Roma, y su imagen adorna muchos altares del Opus Dei en todo el mundo.


Era y es una prenda del amor de Dios..., y también de la respuesta a ese Amor.

 

 

11月27日

Mis Memorias: 1902: LAS RAICES

1902: LAS RAICES

El siglo XIX permite contextualizar los orígenes de la realidad política y socio-cultural en la que estaba inmersa España, y, por extensión Cantabria. Significó para Europa el final del Antiguo Régimen y el triunfo del liberalismo.

En España a la Guerra de la Independencia, le siguieron varias civiles, revoluciones de diverso signo y pronunciamientos militares. Un cambio de dinastía, el paso de la Monarquía a la República, una Restauración, la pérdida de las últimas colonias de ultramar (Cuba Filipinas y Puerto Rico). Numerosos cambios de Gobierno, la aprobación de varias Constituciones, momentos de estabilidad y de convulsión.

El nacimiento del movimiento obrero y la reivindicación de los sindicalistas, la creación de nuevas clases sociales..., en definitiva, muchos cambios y situaciones complejas para un país que tuvo que adaptarse paulatinamente, a una nueva realidad, y que entró en el siglo XX, en una débil posición económica y sin peso específico en el concierto internacional, que había detentado centurias atrás.


LOS ANTECEDENTES


Para que te hagas una idea:

En 1754 se crea el Obispado de Santander.

1778-79: Junta de los nueve valles de Puente San Miguel.

1785: Real Consulado del Mar en Santander.

1799: Santander como Provincia Marítima.

1820: Surge la Diputación Provincial.

1833: El Ministro de Fomento, Javier Burgos, divide España en 49 Provincias. Así nace la nuestra.

1857: Se funda el Banco de Santander.

1866: Ferrocarril Alar del Rey-Santander. (Ahora, 30-5-03, van a empezar las obras del tren de alta velocidad, para ir a Madrid en dos horas y media).

1890: Se hace la Plaza de toros.


EMPECEMOS:


Aquí: “Llueve. Llueve incansablemente. Como siempre1”.

La historia empieza muy atrás. Con los bisabuelos de mi padre: Agustina y Manuel. Con mis tatarabuelos, Patricia. Tus choznos. Decía el tío Pedro que se llaman así.


El 1902 mi abuelo Ignacio, yerno de Don Álvaro, fundó la Casa2, a los 22 años. Lo tengo en un retrato de 60x44 cm. Está colgado en la pared de mi despacho. Y lo pone.

Ese año “prácticamente” comienza también la historia de Santander.


Apareció El 5 de agosto el primer ejemplar de “El Diario Montañés”. Costaba 5 céntimos de peseta. Y al trimestre 4 pesetas en la capital, y al año, 15 en la idem. Fuera de la misma 4,50 al trimestre, y 16 al año. 40 pesetas para el extranjero y 25 el nº atrasado. Pero, ¿qué euros valdría hoy, aquella peseta?


Mi padre es Ignacio Pérez Mata. Canales Mata, fue cuando cambiaron los apellidos, en 1958. pero eso es otra historia que contaré en sus momento.


En 1860 reinaba en España Isabel II. En Italia Víctor Manuel II. Verás su monumento se viajas a Roma. Lo llaman “La tarta”.

En Rusia el Zar Alejandro II.

Se construyó el Canal de Suéz.

Se fundó la Primera Internacional3.

Polonia se agricolarizó.

Se descubrieron las leyes de Mendel, sobre la herencia.

Se abolió la servidumbre en Rusia en 1861.


Francia impuso la jornada laboral de doce horas, y prohibió legalmente la huelga y el derecho de asociación de los obreros.

En 1864 se fundó la Cruz Roja4.

Murió la Madre Sacramento, recientemente canonizada por Juan Pablo II. Viví en Valencia muy cerca de sus restos mortales: desde mi ventana, con un jardín por medio, veía su Capilla.

Y San Antonio Mª de Claret.

Es también, el 20º aniversario del Pontificado de Pío IX. En 1864 se publica “El Sílabus5”.


Comienza la guerra Austro-Italiana, en 1866.

Marx publica “El Capital”, es el año 1867.

1870: Francia proclama la Tercera República.

Amadeo I de Saboya, en gobierno provisional, hasta la Primera república.

En 1871 Alemania proclama el Tercer Reich.

Antes, en 1870 hay una violenta persecución de intelectuales en Rusia6.

En 1872, las Isla Hawai pasan a la órbita económica de EE UU.

1873, Señala una enorme crisis económica en la bolsa de Viena.


Entre el 71 y el 76 se difunde el Socialismo en Portugal.

En 1873-74 Iª República federal en España.

1870: Se declara el dogma de la infalibilidad del Papa. Y se propone a San José como Patrono de la Iglesia Universal. En 1870, los italianos toman Roma.

1869. Pío IX lanza un llamamiento a la unión de protestantes, anglicanos y Obispos orientales. 1870: Toma de los Estados Pontificios.

1873: El cristianismo es autorizado en Japón. Al mismo tiempo comienza la Tercera Guerra Carlista en España: Del 72 al 76. Y la Franco Prusiana, del 70 al 71.

1874, Pío IX prohíbe dedicarse a la política a los católicos italianos.


Y... se inventa el teléfono.

Muere ese año David Strauss.

En 1876, nace La Congregación de las Esclavas del Sagrado Corazón.

En 1893 muere Tschaikowski.

Aparece la Zarzuela: Barbieri (1894 +), Chuecat (1908 +), Chapí (1909 +) Bretón, (1923 +).

Y en el arte Impresionista Manet (1883 +), Cezanne (1906 +), Monet (1926 +) Renoir (1919 +).


CRONOLOGÍA


En fin, te he escribo un poco de cronología, porque se lo difícil que suele resultar situarse espacio-temporalmente cuando a uno la Historia le importa poco7.

Algunas cosas me contó mamá. Él, papá, nunca dijo. Así habla ella de vez en cuando, que es vasca, y le gusta. Yo leísta por nacimiento, laista y loista. También tengo problemas con la g y la j. Debí de saltarme estas lecciones del “Catón”.


ÁLVARO MATA BOCANEGRA, mi bisabuelo


Nació en Puente Arenas (Burgos), en 1860. Muere en 1941. Realmente es él, quien crea la familia, con 37 años, aunque yo nunca oí, a nadie, hablar de Mata, sino de Canales. ¡Lo que son las cosas!

Nunca me ha importado el dinero, ni supe si lo teníamos o no. Pero..., unos compañeros de mi padre del colegio, abrían la caja y enseñaban a sus hijos el dinero que tenían. Los llamaban: Los hermanos Más: Más tontos que hay en el pueblo.


Para formar una familia hace falta, sobre todo amor. Y “algo” de dinero, digo: “Algo”. Pero esperar a tener la casa puesta, y puesta como la de los padres…, mal asunto, diría tu abuelo Ignacio. Bueno, pues en este caso, el dinero, era de Don Álvaro.

Vestía traje de chaqueta oscuro con chaleco, del tercer botón le colgaba la cadena del reloj (que por cierto, lo tenemos). Camisa blanca con cuello duro - de almidón - y corbata..., como la fotografía es en blanco y negro. Bastón y sombrero. Al estilo de la época. Buen calzado. Y una sonrisa bonachona que también tenía papá, y tiene tu padre, Patricia.


Se casó con María Vélez y Vélez, nacida en 1853, de 20 años, natural de Palazuelos hija de Manuel y Agustina Vélez y Vélez, en el año 1890, ella es la primera que muere. Está enterrada en el panteón Mata: 1-1X-1919, a los 66 años. 1919 es el año en que nace mi madre...


Don Álvaro era fabricante de zapatos. En 1899 liquidó todo lo que tenía, fincas y tal, y, vino de por Villacarriedo, -de la Vega de Pas- andando, pasiego pues, gente cerrada en sus costumbres y tradiciones…, a Torrelavega.

Tiró las hormas al río, y dijo:

-“Alvaro Mata no debe ni favores, ni dinero”.


GENIO Y FIGURA


También hizo suyas otras frases como:

-"Más vale ponerse una vez colorado que ciento amarillo".

-“Los obreros que coman: miércoles8”...

-“Los obreros no merecen ni el aire que respiran".


Palabras que suenan y son fuertes, pero hay que entenderlas en su contexto; no a la luz de la "Rerum Novarum". Encíclica Papal sobre la Doctrina Social de la Iglesia de 1891 de León XIII, que seguramente no leyó nunca.

Los medios de comunicación no eran los de ahora. Aunque si es por ellos tampoco te enteras de lo que el Santo Padre publica. No siempre. Hay medios que lo trasmiten. Sobre todo Internet. Y ahora acabo de descubrir Radio María. ¡Estupenda!

Mata, se refería, a gente que al trabajar por cuenta de otro quiere hacer poco, y cobrar mucho; vagos, chupadores del esfuerzo, de quien tiraba por delante. Ahora también los hay.


LA ZAPATERÍA


Aquí, montó una zapatería, donde hoy están los calzados "Manolo". Su esposa, Doña María le ayudaba. Por lo visto la gente de los pueblos bajaba a comprar los zapatos los jueves:

- ¿Qué número gasta el niño?

- No sé...

- ¿Has traído otro zapato?

- Noooo.


Y Doña María le decía:

- Pues, que lleve dos pares, y a ver...

-¡De eso nada; que luego los estrenan los hermanos, y me los devuelven el lunes, limpiando la suela!

Entonces ella, les citaba a la hora del café, en que don Álvaro no estaba, y se los daba.

No te quiero dar la impresión de un “ogro”, porque pienso que no lo era. Ahora firme..., Sí.

Y -como decía papá- que era de su escuela:

-“Hay gente, que sale a hacerla”.


Un poco soberbio ya debía de ser. De los de en posesión de la verdad. Papá, también lo era. Estaba cultivado. Cuando enfermó, fue un regalo: Todo le parecía fácil, bonito, corto.


LOS TÍOS


Trajo Don Álvaro: dos hijas casaderas. Avelina, nacida en 1891 y Eloisa. Avelina se casó por amor con Ignacio Pérez Canales. Mi abuelo. Y un hijo. Álvaro Mata Vélez, que era médico, y, solterón.


El padre de mi abuelo Ignacio, Don Carlos Pérez, era de Oviedo; su madre Doña Antonia Canales de Campuzano, mamá dice que ésta debió ser muy señora.

Campuzano es el pueblo lindante con Torrellavega...

 

NOTAS

1 De..., ¡García Márquez! (Memorias. 2003)

2 Casa: “Hijo sucesor de Ignacio P. Canales”:

Esta casa, la más importante de Torrelavega en su ramo, abarcan sus negocios una extensión grandísima de géneros, cómo cristalería, loza, ferretería, muebles, aparatos hidroterápicos, sanitarios, material para la construcción de obras, ferrocarriles, artículos de fantasía, etc... y un sin fin de géneros diversos, que sería prolijo enumerar.

Este importante establecimiento, puede asegurarse sin temor a equivocación, que es la casa que hay mejor surtida en la Provincia.

De sus magníficos escaparates se puede juzgar por la fotografía que acompaña estas líneas.

3 Marx fundó la Primera Internacional Obrera. Crítica de la economía política, terminada por Henuelo, donde se condensa fundamentalmente la aportación económico-política de Marx, como superación critica de la economía clásica. Karl Marx era alemán, nacido en Treveris, en 1818, y muerto en Londres en 1883. Fue Filósofo, Economista y Sociólogo. Perteneció a los jóvenes hegelianos de izquierda, ya desde su Tesis Doctoral dio una orientación materialista a su filosofía. A causa de sus ideas revolucionarias sufrió el exilio en Francia, Bélgica e Inglaterra. Amigo de F. Engels, con quien colaboro en varias obras y de quien recibió ayuda moral y financiera, especialmente durante su exilio en Londres. Escribió además, del Manifiesto Comunista de 1848, en colaboración con Engels.

4 A la cual tenemos el honor de pertenecer Marga Monforte y yo como Damas Auxiliares Voluntarias desde 1966.

5 Índice de libros prohibidos, por nuestra madre la Iglesia.

6 ¿No habrás visto la película Doctor Zibago? Mejor. Es una incitación al adulterio, lo decía la sinopsis.

7 En Vigo, durante el curso 1968-69, yo daba clases en “Las Acacias” a Cuarto de Primaria, alumnas de 10 años. Explicaba algo que provocó la pregunta de Mónica Bandeira:

-¿Entonces, Blancamelia, usted no es de la Edad Media?, entonces ni siquiera tenía yo una edad media..., ¡24 años, no más!

8 Así le dicen en Argentina cuando te quieren mandar…, ¡lejos!

11月26日

MEMORIAS: La familia de mi padre


 

Los San Juan-Pérez Mata


La tía Mª Teresa

 

 Se casó con Rodrigo San Juan. Madrileño. Ingeniero de la Real Compañía Asturiana de Minas. Celoso enamorado que esperaba en el Boulevard a que ella apagara la luz de su dormitorio. Después de casados vivieron en un chalet a la salida de Torrelavega, por Torres.

Se marcharon a Madrid al acabar la Guerra Civil, por cuestiones políticas, y, entre copas y amigas, sólo la hizo feliz cuando ciego y enfermo, ella podía cuidarlo, porque ya no podía salir de casa. Se vio siempre sin dinero, y tuvo que trabajar hasta fregando escaleras.

Que es lo que decía mi padre en algunas circunstancias:

-Tú, a fregar escaleras.

Y tú, -a mi hermano- a cavar trincheras.

¡Demasiado cerca la guerra, o lo que oyó en su casa!


Mis primos:


Tuvieron dos hijos: Rodrigo y Raúl. Raúl tendría diez y nueve años en 1954. Ignacio y yo ocho y diez, respectivamente, cuando estuvo un verano con nosotros. Iba en el asiento de atrás del "Balilla", al que llamábamos Juanito, antes tuvimos una “Rubia,” y desde el centro, sacaba los brazos por ambas ventanillas.

Era muy alto, como su padre. Estuvimos un día en San Vicente de la Barquera, embarcamos, la marea estaba tan baja, que veíamos los peces a través de aquel agua transparente, como a una cuarta de la arena. Creo que se dedicó al cine. Si no fue él, fue su hermano Rodrigo. Conservamos una foto de su boda.


La tía Eloisa

Eloisa, casada con Pastrana, Fernando, un señor al que conocí toda la vida en el Casino y hasta 1966 no supe que era mi tío. Tuvieron dos hijos, Ana, que estudió enfermería y Roberto.


Roberto resultó ser un médico excelente. Ha ganado muchísimo dinero..., pero se separó de Mari Carmen Ochoa, estuvo con Mila, la mujer de Santana...


Lo he visto alguna vez en la televisión. Se especializó primero en Escoliosis infantil, ¡cómo se reía papá cuando se enteró..., con la espalda que tenemos todos! Después se dedicó a la medicina deportiva. Tiene una clínica imponente en Sevilla. Y un Jaguar..., ridículo cuando sale del coche, porque es bajito como mi generación.


Puso Eloisa un taller de ropa de niños preciosa; a mamá le hizo todo mi equipo. No supo que era su cuñada y fue allí por ser la mejor, tenía muchísimo gusto. El faldón con que me bautizaron aún lo tenemos; súper sencillo, de cruzadillo blanco, al bies, con tiras bordadas encañonadas, y entredós para cambiar el color azul o rosa, según lo que naciera. Con él nos han bautizado a todos menos a ti, por grandota.


Encañonando


El "encañonado," es una técnica desaparecida. Se calentaban en un recipiente con alcohol unas tenacillas de trazo redondo y puntas cortadas, que luego calculando el calor, aplicándolo primero un trozo de papel higiénico de “El Elefante”1, iba planchándose el volante, que quedaba planchado en forma de pequeños "cañones”. Mamá lo hacía, pero también había "planchadoras”; para ésto, y, para los cuellos duros de papá, y los nuestros del colegio.

Se entregaban a la semana, en unas cajas de ocumen, con varios pisos y tapa corredera.


El tío Pepe


Tío Pepe también se casó en plena guerra, con la oposición de su padre que tenía todo embargado, por el ejército rojo. Todo es todo: El comercio, los almacenes de muebles, la casa -convertida en cuartel- el coche, y el dinero, que no sirvió en la guerra porque acuñaron otro, ni después de la guerra, porque ganaron los nacionales y el dinero era republicano.


Tenían dinero los que lo sacaron de España en dólares. Y, los que salvaron su patrimonio. Tierras, joyas, antigüedades.


En casa había unos abanicos antiguos y buenos que compraron después de la guerra en alguna de las ventas que las familias hacían para tener liquidez.


A los abuelos los denunció la cocinera, por ser desafectos a los republicanos. Y, por envidias. Que había mucha. Y hay. Es normal: Un pecado capital2 que todos los tenemos, con unas u, otras manifestaciones.


Los Percebes


Al morir el abuelo Ignacio, de una intoxicación de percebes en 1938, se deshizo toda la familia y la casa. Tenía 58 años, y se había casado en terceras nupcias con Josefa, -la cocinera-, que le quiso mucho y le cuidó. Gracias a lo que ella quería a papá, pudieron trasladar los restos mortales del abuelo, al Panteón. Mamá guarda la llave del ataúd.

De este matrimonio se enteraron por la prensa que publicó:

-“Acompañaban a su majestad Alfonso XIII (...) Ignacio Canales y Sra.” Vivían en un piso en Santander, detrás de Los Jesuitas.


La casa de aquí la llevaban entre las hermanas mayores y el servicio. De la cocinera aprendió mi padre lo fácil que es sisar, desde la cocina: Ponían sardinas para comer, y en las cuentas que entregaban figuraba: Merluza. Y así...


Por culpa de la herencia, todos se enfadaron, y esa fue‚ la razón de que no conociéramos a mis tías Mª Teresa y Eloisa. Lo que escribo me lo ha contado mamá, que tampoco las trató.


De todos aquellos bienes materiales, sólo recuerdo un Pierrot de porcelana que tenía tío Pepe en el recibidor de su casa, y, el piano. El reloj de cadena del bisabuelo Álvaro, y, el solitario del abuelo Ignacio Pérez Canales. Lo llevaba en el dedo meñique. Papá nunca lo usó. Lo tengo yo, que tampoco lo uso.


Conocí a un hermano del abuelo Ignacio, se llamaba Facundo Pérez Canales -era, igual que Kruchef-, uno de los Presidentes de la Unión Soviética que se atrevió a hacer callar a todos, en la ONU, dando golpes con su propio zapato, sobre la mesa. Aquello fue sonado.


La mujer del tío Facundo, la tía Lina, nos cuidó y quiso mucho en momentos dolorosos, como cuando mi hermano Ignacio-Pedro se quemó la cara en 1957.

NOTAS

1Era un papel marrón clarito satinado por un lado y áspero por el otro, que realmente no sabías muy bien por donde usarlo. Y que nunca se rompía por donde estaba marcado. Había montones de chistes metiéndose con el tema.

2 Son siete los pecados capitales: Soberbia, -es el peor, nos deja minutos después de enterrarnos-. Avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza. Eso estudié yo, aunque el otro día leí que la envidia es el primero. ¿Fue por envidia el pecado de nuestros primeros padres al querer ser como dioses? Todos los pecados están muy unidos..., también influyó la avaricia...

 

Tarea de escribir

 
Cuadernos de escritura
 
1.- Palabras para escribir
2.- Tarea de escribir: Aforística y Sobre leer y escribir
 3.-Memorandum

 

cuadernosPI       

Además de poeta y de novelista, Carlos Pujol (Barcelona, 1936) tiene en su haber importantes trabajos como traductor y como crítico literario. También se dedicó durante algunos años a la enseñanza de la literatura en la Universidad de Barcelona. En este libro, se reúnen algunos textos en torno a la creación literaria y al papel de los escritores, en los que aporta su experiencia como lector, como estudioso de la literatura, como escritor y como crítico.

La primera parte del libro se compone de notas inéditas escritas en otoño de 1984, en forma de aforismos breves que aunque “se expresen de una manera tajante (…), hay aquí muchas menos certezas de lo que se podría imaginar”. La segunda, Tarea de escribir, se divide en dos partes: Aforística y Sobre leer y escribir, para la que ha recuperado veintidós artículos publicados hace años en dos periódicos madrileños. El volumen se concluye con Memorandum. Palabras para escribir, una nueva serie de aforismos anotados en 2008.

El resultado es un libro unitario, singular y sugerente, lleno de sabiduría, de sentido común y de esa ironía sutil tan característica de la obra de Carlos Pujol, especialmente destacable cuando se refiere al mundillo literario, con sus vanidades, sus envidias, sus peleas y con tanta parafernalia perturbadora de la serenidad, de la soledad y del silencio que requiere la creación literaria. No faltan algunas referencias críticas a autores y a movimientos literarios o culturales. Todo expresado con ese tono y esa prosa claros y elegantes tan característicos de Carlos Pujol. Un libro que ayuda a pensar sobre la creación literaria y a distinguir el grano de la paja, tarea nada fácil por los intereses económicos, ideológicos o mediáticos que últimamente suelen acompañar a las promociones de libros y de autores.

Pre-Textos. Valencia (2009). 150 págs. 15 .

11月25日

Contemplar con ojos fascinados

 

Encuentro del Papa con los artistas en la Capilla Sixtina

Nuestra época necesita volver a la belleza para recuperar la esperanza  

 

La misión de la Iglesia es hacer accesible lo inefable, el mundo del espíritu, y en esa tarea los artistas son maestros. Benedicto XVI retomó esa idea de Pablo VI durante el discurso que dirigió en la Capilla Sixtina a unos doscientos sesenta artistas de numerosos países. El Papa dijo que la belleza es todavía más necesaria en el momento actual, caracterizado por la desconfianza y el pesimismo, pues la belleza conduce siempre a la esperanza.

La ocasión para este significativo encuentro de Benedicto XVI con estos artistas invitados fue la conmemoración del décimo aniversario de la publicación de la Carta a los artistas, de Juan Pablo II (abril 1999). Se recordaban también otras efemérides, como el cuarto de siglo desde la proclamación del Beato Angélico como patrón de los artistas, y los cuarenta y cinco años de aquel primer encuentro de Pablo VI con los artistas en la misma Capilla Sixtina.

       
                Benedicto XVI: “Vosotros tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad”
       

Pero, en el fondo, lo que justificaba la iniciativa era algo más profundo que las simples conmemoraciones: el renovado deseo, por parte de la Iglesia, por estrechar lazos con el mundo del arte, pues es una amistad que debe ser “promovida y sostenida” continuamente, y que no se frena ante barreras confesionales. De hecho, buena parte de los artistas presentes en el encuentro no eran católicos.

Los destellos de la belleza

No cabe duda de que Benedicto XVI se encuentra particularmente cómodo hablando de belleza y arte, pues ya en su obra de teólogo insiste especialmente en que lo bello es expresión de lo verdadero. Y allí estaban escuchándole músicos como Ennio Morricone o Arvo Part, arquitectos como Paolo Portoghesi, Santiago Calatrava o Zara Hadid, el escultor Venancio Blanco, el videoartista Bill Viola, cantantes como Plácido Domingo, Andrea Bocelli, Claudio Baglioni o Antonello Venditti, escritores como Claudio Magris o Susanna Tamaro, directores de cine como Giuseppe Tornatore, Nanni Moretti o Peter Greeneway, o actores como Virna Lisi, Irene Papas o Sergio Castellito.

El Papa dijo en su discurso que la belleza, como la verdad, infunde alegría y esperanza en el corazón humano. Por eso es hoy particularmente necesaria. Y es que junto a la crisis social y económica, el momento actual “está marcado también por un debilitamiento de la esperanza, por una cierta desconfianza en las relaciones humanas, de modo que crecen los signos de resignación, de agresividad, de desesperación”. Es un hecho también que el hombre explota sin conciencia los recursos del planeta, en beneficio de una minoría, y no pocas veces desfigura las maravillas naturales.

Ante esa situación, la belleza es capaz de “volver a dar entusiasmo y confianza”, y animar al alma humana a soñar una vida digna de su vocación. La experiencia de lo “auténticamente bello, de lo que no es efímero ni superficial”, no es algo secundario en la búsqueda del sentido de la vida y de la felicidad. Esa experiencia no aleja de la realidad, sino que lleva a afrontar de lleno el vivir cotidiano para liberarlo de la oscuridad. La belleza “impresiona” y es así como da fuerzas para vivir hasta el fondo la propia existencia.

No aceptar sucedáneos

Al Papa no se le esconde, sin embargo, que con demasiada frecuencia lo que se propaga es una belleza “seductora pero hipócrita”, que se transforma en su contrario, asumiendo el rostro de la obscenidad, de la trasgresión o de la mera provocación. En vez de “abrir [a los hombres] horizontes de verdadera libertad, empujándolos hacia lo alto, los encierra en sí mismos y los hace todavía más esclavos, privándoles de la esperanza y la alegría”.

La auténtica belleza lleva a salir de sí mismo, dice Benedicto XVI. “Si aceptamos que la belleza nos toque íntimamente, nos hiera, nos abra los ojos, entonces redescubrimos la alegría de la visión, de la capacidad de captar el sentido profundo de nuestro existir”. De este modo, la belleza de la naturaleza o de la creación artística puede convertirse en camino hacia lo trascendente, hacia Dios.

El Papa citó en su discurso a Pablo VI y Juan Pablo II, a S. Agustín, a Platón y al teólogo Von Baltasar. También se sirvió de las palabras de algunos autores y artistas como Dostoievski (“la humanidad puede vivir sin ciencia, puede vivir sin pan, pero no podría seguir viviendo sin la belleza, porque entonces no habría nada que hacer en el mundo"), Braque (“el arte está hecho para turbar, mientras que la ciencia tranquiliza”), Simone Weil (“en todo lo que suscita en nosotros el sentimiento puro y auténtico de lo bello, está realmente la presencia de Dios. Lo bello es la prueba experimental de que la encarnación es posible”), y Herman Hesse (“arte significa: dentro de cada cosa mostrar a Dios”).

En los oídos de los participantes, según manifestaron algunos de ellos al final del encuentro, permanecía el eco de unas frases de Benedicto XVI, que podrían ser casi un manifiesto: “Vosotros sois los custodios de la belleza; vosotros tenéis, gracias a vuestro talento, la posibilidad de hablar al corazón de la humanidad, de tocar la sensibilidad individual y colectiva, de suscitar sueños y esperanzas, de ampliar los horizontes del conocimiento y del compromiso humano. ¡Qué seáis gratos por los dones recibidos y plenamente conscientes de la gran responsabilidad de comunicar la belleza, de hacer comunicar en la belleza y a través de la belleza! ¡Qué seáis también, a través de vuestro arte, anunciadores y testimonios de esperanza para la humanidad!”

El Papa se despidió de los artistas con un “¡hasta la vista!”, y les pidió que no tuvieran miedo de confrontarse “con la fuente primera y última de la belleza”, ni de dialogar con los creyentes. “La fe no quita nada a vuestro genio, a vuestro arte, es más, los exalta y los nutre, los anima a atravesar el umbral y a contemplar con ojos fascinados y conmovidos la meta última y definitiva”.

11月24日

MEMORIAS: LA BODA DE MIS PADRES 1943 7 DE ABRIL

Las fotos de la boda, de los novios están en Facebook..., mi familia.

El día 7 de abril de 1943 se casaron en la Parroquia de la Consolación de Santander.


Abuelita no dejó que mamá se casara de blanco, dijo que eso era para ricos. Pues de negro: Estaba preciosa. Con aquellas facciones tan finas1.


En aquella época mucha gente también decía que se había casado de viaje y así no hacían, ni boda, ni trajes, ni ningún gasto, porque no se podía. Era plena postguerra en España. Cuentan que casi fue peor que la guerra.


En Europa la 2ª Mundial.


Alemania invadió la URSS en julio de 1941. Luego vino lo de Pearl Harbor. Lo habéis visto en películas, pero, ¡ojo!, Fue.


Muchos matrimonios dieron hasta las alianzas para el Tesoro Nacional. El oro que teníamos en España lo habían llevado a Rusia para pagar el armamento que nos vendió.


El ramo de novia se lo regaló su amiga Angelines de Entresotos, -la niña- que era una fineza.


Angelines si se compraba un jersey, le compraba otro a mamá, y, luego la abuelita la humillaba haciéndoselo devolver:


-¡Qué sabe Dios quien se lo había regalado y porqué! ¡Pobre mamá, ella no fue así conmigo!


***


El 28 de febrero murió a los 54 años su Majestad Don Alfonso XIII en El Gran Hotel de Roma. Al notar que le llegaba la hora dijo al Padre Ulpiano, Jesuita:


- Padre, esto se acaba. Deme la Extremaunción.


Y después:


-“¡España, Dios mío!”.


Fue enterrado en Roma y junto a su cuerpo un saquito con tierra de todas las Provincias Españolas. En 1980 sus restos se trasladaron al Panteón de los Reyes del Escorial. Supongo que lo habréis visto, porque es una preciosidad.



Angelines de Entresotos, “la niña” vestía, y sobre todo andaba, muy bien, ¡otra que nació así!

Angelines vivía con su hermano Toche en un chalet fabuloso, al lado del “nidito de amor” de tía Juanina y Fernando; en la Calleja de Arna.

Ahí conocieron papá y mamá a los Cuevas. La amistad duró siempre.


Al morir el tío2 Fernando Alonso-Cuevas, y el marido de Angelines, Joaquín Díaz Mier, Práctico del puerto, tía Juany se vino a vivir con ella -que tuvo ocho hijos-, a Requejada. Allí sigue. Tiene 97 años. La he visto y guardo una foto de las dos. Está estupenda.


A la boda fueron:


Tío Pepe, que fue el padrino. Llegó tarde por ingresar un dinero. Mamá, llegó puntual,15-como siempre-, y mientras esperaba hubo dos funerales.

La tía Aurora, tía Juany, Madre, los tíos Uco y Pedro, Angelines, Toche, y Chucha Mazas; Finuca, de la Mina, -era de aquellos catorce hermanos que llamaba primos Los Mazas-. Y la abuela Visi.

Madre preparó el banquete para todos en casa.

Toche, tras una desilusión amorosa se fue a cuidar leprosos.


EL VIAJE DE NOVIOS


Empezó con la despedida de todos desde el mirador. Llevaron 5.000 pesetas. Todo fue en tren; sin clases, sólo había tercera, y, carbonilla.

Papá no tenía coche. Ni los había. Ni fabricantes.

Llegaron a Bilbao. Lo primero a arreglarse, entonces era así, llegabas de pena.


Isabelita Hormaechea les invitó al teatro. Mamá dice que no estuvo atenta a nada, que se aburrió como una ostra. Nunca le gustó. Ni el cine tampoco, porque luego mi padre comentaba ¡y había que pensar! –dice-.

Isabelita llegó con sombrero. En el teatro se lo hicieron quitar.

Se quedaron en el Hotel Carton.


En Barcelona pasaron quince días. Montserrat..., cine, teatro, compras, y, comidas...

Mi padre era buen comedor, no de cantidades. Sibarita.

Había conocido durante la Guerra a un fabricante de puntas catalán. Se pusieron en contacto e hicieron los dos dinerillos16.

En aquellos años las puntas se necesitaban más que las joyas. Por eso yo veía todo el mostrador de la tienda por dentro lleno de cajones con puntas de todos los tamaños y calibres.


La tienda la barrían con una mezcla de serrín y gasolina o no sé qué, para no levantar polvo. Solía hacerlo Enrique. Que leal, ¡qué buena persona! Marcaba todos los artículos con una letra preciosa.


Cuando íbamos a la tienda me dejaban jugar con una vajilla en miniatura que Enrique, el encargado17, bajaba de un altillo, con una casa típica montañesa que se desarmaba. Luego lo volvían a guardar, y, no me lo regalaron nunca.

A lo mejor por eso me hacían tanta ilusión.

Se vinieron a vivir a Torrelavega.

En 1945 ya éramos una familia.


Don Máximo Fernández – Cavada, Conde de las Bárcenas, era Ingeniero. El que más compraba y construía entonces. Vivía en un Palacio, con estanque y cisnes.

Las muchachas se llamaban Herminia y Manolita, mi hermano Ignacio vivió en el piso que les dejó al morir don Máximo, por indicación de papá. Estudiaba Comercio en Santander. No sé yo que tal le vino. Sí, bien. Si te tratan como a un señor, te obligas a portarte como tal. ¿O, no?


Fueron un ejemplo vivo de que a veces el servicio, era más señor que los señores. Y cómo sabían estar en su sitio. Qué no es nada fácil. ¡Ni lo digo por ellas! Lo digo por todos.

Me dejaban las muñecas de sus señoritas, que eran de porcelana.



***


Mientras yo llegaba, papá y mamá disfrutaban de las sobrinas: Aurorín, que les llevó las arras, y Churi. Tendrían 6 y 4 años. ¡Cómo las quisieron! Iban a Somo. Al campo. Hacían excursiones. Las quisieron mucho, mucho.....

¡La vida, sin embargo es como es!

NOTAS

1Hoy la he dicho 27-09-03 la he dicho:

-¡Que guapa eras! Mirando una foto de su boda que he puesto en el cuarto de estar.

- ¡Y eres!:

- Fui.

- ¿Te vestirías otra vez de novia? -lo tiene todo, el tocado, el jazmín...

- No. Lo pasado, pasado está.

Y se ha ido a ver un programa de cotilleo. Somos muy distintas, aunque en fotos antiguas nos confunden, no nos parecemos.

No tengo ni una arruga: Es la cara de mi padre. Tampoco tengo su raza.

2 No eran familia pero era frecuente llamar tíos a los muy amigos. Un modo de crear lazos.

11月23日

Adelantando Memorias, para que mis AA, las encuentren... 1919-2000... Mamá


Nació mamá bohemia y elegante, sobre todo por dentro, el 5 de Agosto de 1919 en Erandio. Era hija de la abuela Visi, y, del abuelo Juan.

Mª Visitación Ruíz Menéndez, y, Juan Gil Molinero.

De Revilla de Camargo, y, de Guadalajara, respectivamente.

Murió la abuela a punto de cumplir 100 años 5-VII-1885: 26-2-1985.

El abuelo en 1927. Mamá tenía diez años.



El cumpleaños de mamá es por lo tanto el 5 de agosto, pero en casa se celebraban los santos1, y no todos: San Ignacio de Loyola, la Virgen de los Dolores, cuando caía en la Semana de Pasión, el Viernes de Dolor. Desde que la cambiaron al 15 de septiembre, lo celebramos dos veces.



Creció la abuela Visi sin padres, en casa de un canónigo, Don Vicente Muñoz, tío suyo, que tampoco hizo carrera de ella.

Los bisabuelos eran maestros. Pero no consiguieron que abuelita aprendiera ni a leer, ni a escribir. Tuvo dos hermanos: Carolina y Victoriano, no se trataban.



Carolina se casó con “El griego”. De él era, todo lo que hoy se llama en Santander “Cazoña”. Yo solo conocí un anillo extraño que llevó primero abuela, mamá, luego el tío Pedro y por último el tío Uco. Cuando preguntabas (tal vez a la abuela Visi, decía: es griego).


Mamá dice:



- Que sus abuelos, iban en dos bicicletas, o en una, y chocaron de frente matándose los dos. Pero, vete a saber, con las cosas tan graciosas que nos contó siempre, si fue así.



Victoriano es el padre del primo Pedro. “Un cacho pan” decimos aquí. Marino. Aunque mi hermano Ignacio dice que era maquinista y daltónico. Otro Gil, ¡cualquiera se cree nada!

Este primo Pedro vivió con la abuela Visi. Hay fotos por casa de su boda con Maruja. Su hijo Pedro vive por aquí. Suelo verlo y saludarlo.



Cuando mi abuela, conoció al abuelo Juan tenía 16 años. Le gustó tanto que se marchó a buscarle hasta Guadalajara, estamos hablando de 1899 ó 1900!!!, ¡Qué no fue ayer... 



Se casaron y nacieron  dieciséis hijos de los cuales sólo vivieron, mamá, -única niña entre tantos-, tío Pedro y tío Uco.



EL ABUELO JUAN



Era buenísimo, su hijo, el “ganso” del tío Pedro siempre estaba metiéndose con la abuela, diciéndola‚ que lo mató a disgustos, y que le pegaba, (y se reía).

Era militar. Carabinero. Cuando vestía de gala llevaba el “Ros”.


La primera y única foto suya, es una joyita que mide: 7 por 5 cm. Gracias al scanner he ampliado, perdiendo calidad. Pero Ricard, el novio de mi sobrina Sara me va a enseñar a hacerlo sin que la pierda.



Aparece el abuelo con el tío Uco de dos meses, tío Pedro con tres años, y mamá.

Una india los cuidaba. Parece que están en otro país. De lengua hispana, porque en el fondo se ve que pone: “Comidas”. Y en la ventana: “Hoy gran baile”.

Debe de ser en El Desierto de Erandio.

Por detrás leo:


- “Aquí con nuestro queridísimo papá, y tú de dos meses. Tres años, ¡qué pequeñitos éramos! ¿Eh, Pedrito”? La letra es de mi madre.





Tenía mi abuelo Juan al menos una hermana. El 1 de julio de 1926, aparece dedicada una foto de abuelita con mamá, tío Pedro y tío Uco, a sus sobrinos Dolores y Pepe Montalban Gil. Está hecha en el muelle de Puerto chico, en Santander, con un buen viento, o tal vez, en Astillero, porque las grúas del Puerto de Raos se ven detrás. Mamá se agarra el vestido -me explica, para que no se le vea nada-.




A veces, el abuelo hacía guardias en el atracadero de los Reyes, y, en el club Náutico en Santander. Y allí tiraba a mamá al agua para que fuera valiente. Y para que aprendiera a nadar.


No había peligro. Ahora han puesto allí unas esculturas de niños que se bañaban sin ropa: los “raqueros”. ¿Cómo los de Oliver Twist? Sí.



Mamá y su padre se querían mucho; ella se subía en una silla, y su padre la decía:



- Cuando seas así de alta nos iremos tú y yo por ahí...



La compraba cosas: zapatos, que luego la abuela Visi, le hacía devolver...


Tocaba el piano...



EL HOGAR DE LOS GIL- RUÍZ



Vivían en un piso puesto con mucho gusto, la abuela Visi lo tenía. En la plaza de los Remedios, de Santander.



La mansarda, de techos aguardillados era donde hacían la vida los niños. Encima el desván. La abuela Visi era una belleza, y además limpísima. Siempre con tacones. Muy bién peinada. No “tenía una onda encrespada sobre la frente, y en el dedo, un par de brillantes sucios[1]”, pero..., así: Todo el pelo para arriba y con peinetas. Cuando ya tenía menos, usaba crepé, aún no se había inventado ni el cardado, ni la laca.


Algunas personas elegantes que he conocido usaban una redecilla inglesa que casi no se ve: Nisa2, Luisa Huidobro...



Recuerdo un traje de chaqueta, burdeos, seis octavos de “Cheviot”. La falda tenía aberturas por los lados, un día llegó a casa con unas rajas más largas de lo normal. Pasó:



- Que como no le daba bien el paso, dio uno más largo y lo descosió. ¡Con una raza! que conservó hasta el final.



LA MUERTE DEL ABUELO JUAN



Murió el abuelo Juan de un ataque al corazón, el mismo día que le dieron el alta de algo cardiaco.



Sufrió mucho porque le arrancaron los galones delante de todos los compañeros, es decir, le degradaron. El motivo fue, que en un día terrible de lluvia, vió a un soldadito joven, haciendo una reparación en el tejado de su garita, de vigilancia aduanera, y, le mandó resguardarse, con una autoridad que no debía de tener. Mientras, él mismo arreglaba aquello. Le arrestaron y juzgaron.


El desenlace de esta anécdota‚ ya lo he descrito.


 

NOTAS

1 Además “las señoritas, no cumplen años”. A mí me encanta decirlos: 59. Pero estoy amenazada seriamente por Marga Monforte:


-“Que no fardes de años, que todo el mundo sabe que tenemos los mismos, y yo no los digo”. Ante mandatos así, siempre nos hemos contestado:


- Lo hago porque quiero, pero tú a mí no me dominas... y venga la risa.

[1] Ana Mª Matute.

2 Ver en el Capítulo: Historia de fidelidades. Tercera parte. “La horma de mi zapato”.

Revisado el 23/11/09

 
11月22日

Adelantantando Mis Memorias

Lo escribí el 29 abril de 2008

 

EL LABORATORIO..., ¡de fotos!, aquel primer viaje con nosotros a París...


 



Creo que por entonces..., -sería el año 1958-59-,  papá, ya se había montado el laboratorio de fotos. Un cuarto en el que no se podía entrar. Sólo si te daba permiso porque se podía velar lo que estaba revelando. Por dentro se podía iluminar en verde, si revelaba la película, en rojo, si estaba pasando a papel. Tenía ampliadora, cubetas, líquido revelador, fijador, y guillotina de los típicos dibujitos de fotos de entonces, con onditas. Y papel mate y brillo, tendal y perchas. Total que las revelaba en casa. Tenemos cajas de fotos, algunas muy buenas…



EN MARCHA



Paramos en Zarauz. Allí veraneaba Fabiola de Mora y Aragón. Se había casado por entonces, con Balduino el rey de Bélgica. Su boda fue una de las primeras cosas que vimos en televisión. Digo vimos porque me trajeron del colegio a propósito. Todo un acontecimiento. Hasta entonces sólo se veía nieve.



“Per culpa la nevaeta sa fotut la pantalleta.”¡Qué gracia le hacía a papá repetir esta frasecita de un ninot valenciano! Otra frase que quedó institucionalizada en la familia.



Paramos en Burdeos, a ver a madame “Dologués”. Amiga de los tíos Pericos. Recuerdo que por alguna calle vi que no estaban hechas las infraestructuras del alcantarillado.



Francia siempre ha presumido de sus carreteras, que bien. De su cocina, que bien. Ahora no sé. No volví después de 1972.



Paramos en Limoges. Compramos un pañuelo de cabeza precioso con lunares grandes de todos los colores. A mamá le encantaban. Eso, y los bolsos estilosos. Y paramos en muchos sitios.



Llegamos a París. El Hotel estaba en la rue du Moin.


Todo era muy diferente de aquí: La fruta tenía brillo, estaba muy bien presentada en sus cajas, se levantaban muy pronto, para preparar el mercado. Era, como habíamos estudiado con sor Mª Luisa en el colegio de Cóbreces. La amplitud de la ciudad, me pareció fabulosa, enorme.



Visitamos el “marché” de las pulgas, que es tipo el rastro de Madrid, aunque ya sé que comparar es de paletos.



Íbamos en plan de ver espectáculos. Al Palais Chelliot. A Lido..., Etoile…



EL FOLIE VERSER



En realidad era un teatro, con un espectáculo maravilloso. Representaban “Un reloj en la época del Rey Sol”, Luis XIV. Todas las figuras, los artistas, se movían, hasta formarlo.


Iban saliendo en parejas de baile, con unos trajes:... terciopelos burdeos, verde botella, azul zafiro… meriñaques, chalecos dorados, zapatos con grandes lazos ellos, pelucas blancas tanto el chico como la chica.



Andaban y bailaban como si tuvieran ruedas en los pies. De repente, el escenario se convirtió en una gran piscina, en la que nosotros veíamos nadar a los artistas desde el lateral: como si fuera un enorme acuarium.


El decorado era más bonito aún, que el de la isla de las sirenas de Piter Pan, cascadas, flores, guirnaldas… Era como un paraíso.


Después “La jaula de las fieras”, las chicas vestían con pegados trajes de leopardos… las uñas pintadas de color dorado, -manos y pies, lo vi pasaron a nuestro lado-, y todo el cuerpo maquillado de oro, parecían estatuas, no se les movía un músculo.


Luego bailaron una danza del amor, que no vi. Me dio vergüenza. Papá me dijo que repetían el mismo espectáculo por lo menos cinco años.



EL OLIMPIA



En El Olimpia vimos a Gilber Becauod:


“Ne me quitte pas, il fo t·ublie”... Para concentrarse, ya entonces, se recogía el oído derecho con la mano, y cantaba con los ojos cerrados. No cantaba, interpretaba, ronroneaba, recitaba. ¡Tan francés!



Mis padres habían visto en otra ocasión a Josefina Baker; una bailarina de color que auspició niños de todos los paises del mundo, y vivía con ellos en un castillo muy cerca de Burdeos.


Había sido muy escandalosa, pues bailó con una falda de plátanos que iba tirando al público. ¿Qué cómo se quedaba al tirar el último? Pues con ropa, ¡claro!



A la Tour Eifel. A Les Écoles Militaires. La Madelaine. L ‘Opera. Le Sacre Coerur.



A un cine pequeñito, de filas de cuatro butacas, y en medio el pasillo: Allí vimos “Los secretos de París”. Fue la primera vez que vi un señor padre de familia y profesional normal, que por la noche se travestía y salía a actuar en un espectáculo. Era el año 1958…



En Montmatre, se hicieron los retratos a carboncillo que hay colgados en el pasillo de casa de mamá, junto con unas magníficas caricaturas hechas en Algeciras en 1952. Como también hay otro del bisabuelo Mata Bocanegra, lo llamo con pomposidad: la galería de antepasados.



Nos llevaron a comer a comer a un “Self-service”. Nos pusimos tal cantidad[1], que los camareros estaban asustados. Y no te digo nada cuando aliñamos la ensalada, con lo rácanos que son ellos y lo esplendidos que somos en España, -digo-, el que lo es. Nosotros lo éramos porque no teníamos ni idea de lo que costaban las cosas...



Papá se reía. Otros días comíamos en La Bóis du Boulogne. Platos cocinados. Pollo asado…



Conocimos las famosas Galerías Lafallete. A la salida había unas máquinas, parecidas a las básculas de las farmacias, en las que metías una moneda, y empezaban a vibrar, de tal manera que quedabas completamente descansada, para seguir comprando. Tiene su explicación. En esos grandes almacenes, te vas como cargando de electricidad estática o algo así, debido a las fibras artificiales. Las máquinas hacían de toma de tierra.


EN EL PALAIS L’ ETOILE


Lo de las entradas, ocurrió allí. Habíamos estado mirando en la maqueta qué localidades queríamos. Entonces, junto a la taquilla, había unas maquetas de la sala del teatro, y podías pedir la fila tres, números 9, 10, 11, 12. En fin, lo que querías.



Actuaban los bailarines de “Orfeo negro”. Una película de mucho éxito por entonces: “Tristeza, adiós tristeza. Perdida ou carnaval... ¡Ah felicitate...como a bruma!...


De la película me acuerdo que la protagonizaba Harry Belafonte, un mulato de mucho éxito.



El caso es que llegamos al teatro y teníamos las localidades ocupadas. La acomodadora, vestida de terciopelo rojo, con muchas chorreras doradas, que: ¡qué más nos daba!



Mi padre, que quería las que había comprado. Los otros, que no se levantaban.


Salimos.


Vimos a un gendarme.


Papá le preguntó dónde estaba la comisaría más próxima. Dijo que no estaba de guardia. Papá[2] que le toma el número de la gorra. Acabamos en la Embajada.



Al día siguiente todos arreglados, asistimos a la representación con las entradas que elegimos. La buena pinta, ¡abre puertas! Todo eran reverencias.


Mamá como siempre sufriendo...



EN EL PALAIS CHAILLOT



Fuimos a escuchar a la orquesta Filarmónica de Leningrado. Papá, compró las entradas en la primera fila de Principal: Decía que desde allí se oía mejor. En un solo de violonchelo mamá diciendo que cuando acababan de afinar el instrumento, ¡mira, la monda, lo que nos hemos reído con ella! Estoy segura que lo hacia adrede, porque se reía entonces, y se vuelve a reír ahora.



EL ALFILER DE SOMBRERO:



Ya de recién casados, una tarde en los toros, mi padre no dejó pasar a una persona que llegó después de empezar la lidia.



El reglamento taurino dice que así debe ser. Era el gobernador. Allí le tuvo.



NOTAS

[1] María nos decía siempre:

- A ver lo que te sirves, que a ti se te llena primero el ojo que el papo.

[2] Lo del Libro de reclamaciones de toda su vida., -como Paco Martínez Soria en la película Erre que erre... La cantidad no importaba..., era quien tenía la razón. En defensa de un derecho. Yo no me atrevo. Mi hermano Álvaro es igual que él. Hasta el final...

 
TENEÍS RAZÓN ESTO ESTÁ HECHO UN LÍO, HASTA PARA MÍ QUE LO HE ESCRITO...
 
Mamá con Ignacio-Pedro, -su amor-, en la terraza de Galerie Lafallette.
1958
11月20日

Comienzo... Mis Memorias


Un poco del comienzo de Mis Memorias, para Inma, y para Cruz, ¡¡¡¡Qué no las encuentran!!!!



(…)... Una tarde, hace más de 19 años-..., estaba con papá en la terraza de su casa, y pasó un señor con muy buena pinta. Le pregunté quién era:


-¡Ah!, ¿Ese? Es un peluquero.


-¡Parece un duque!


- Es que su mujer le lleva como un pincel...



Ese es el ambiente. Yo no soy Cristina Arteaga, ni “El hijo bastardo de Alfonso XIII[1]”..., Pero cuando me presento en “mi ambiente” de los últimos 37 años me dicen:


- ¿Blancamelia?


- ¿La famosa[2]?


Y, sí, desde finales de los 60, con este nombre...


-“Me hice famosa”.



Me pasan las mismas cosas que a todo el mundo. Pero cuando las cuento, la gente se ríe. Por eso las escribo.


Empecé a escribir el 20-X-99. A pensarlo desde septiembre de 1967[3].


Mamá a sus ochenta y cuatro años es inimitable, irrepetible, fantástica, mundial, y con su filosofía de la vida..., su raza... nos produce anécdotas constantes muy divertidas.


-"Es una pena que todo esto se pierda, escríbelo[4]”



Después, despacito, a ratucos. Como siempre, me he remontado “a los Romanos”. Pero dice Virna Lisi, en la película: “Donde el corazón te lleve,” de la novela (que no he leído) del mismo nombre de Susana Tamaro:


- Para contar una historia, hay que empezar desde el principio.



Contando cosas vividas, o, que han vivido algunas personas de mi familia, nos hemos reído mucho: Amigas, alumnas, familia. Pienso‚ que escrito también nos hará reír, y, ¡es tan importante reírse!



En "Huelva, lejana y rosa" de Rafael Gómez-Pérez, relata su infancia: “la calle de las mujeres malas”, “las natillas en clase”, “el pan de los angelitos”..., luego lo agrupó junto a otros dos libros bajo el título: “Memorias del sur”. Me reí mucho. Muchísimo. En momentos que... ¡me hacía una falta!..,



También lo hice con “La rosa” de Cela: Cómo llega el pobre, todo “mareao”. O, más recientemente con « La infancia »» de Alfonso Ussía:


« Íbamos a la playa por la mañana. Ir por la tarde era de pobres »..., me río porque no sólo en San Sebastián, en Santander también pasaba. Lo que ocurría más bien es que las horas de sol (antes de cambiarlas, ¡claro!) mejores, eran de 11 a 2. Luego la siesta. Después arreglarse para salir otra vez.


-Ir por la tarde era de “boronos”, dice nuestro amigo Juan Verdejo Sitches.


Ya sin sol, y por la noche, con algo de abrigo para protegernos de relente[5].



***



Tengo cierto pudor para llamar a lo que he escrito: “Torrelavega, cercana y verde”. Y también me parece un poco paleto: mi, mi, mi… ¡Lo del paletismo lo detesto!


Empecemos por: Mis recuerdos de niña, junto a La Huerta de guisantes. Después:


-Ya veremos. Decía siempre mi padre. Yo pensaba: “Dijo un ciego, y nunca vio”. Abarca el periodo de mis choznos antes de 1838, a mi salida del Colegio en 1963. El proyecto es seguir con una segunda parte: Recuerdos de mi Juventud: “Tiempos de amistad”, Siempre es domingo, que abarque los años bárbaros: de 1963 a 1967. De mis 18 a mis 23. Y, una tercera: Diario de una mujer madura: “La aventura del Amor”, La horma de mi zapato, del año 1967 al 2000...



Y todavía sigue..., El último proyecto quedará si tengo tiempo, para publicación póstuma. “Solo quise quererte”. No lo veo lejano. Diez años tal vez. Heredé una enfermedad de mi padre…, pero, ¡Dios sabe más!



Cuando papá se puso enfermo, el 18 de noviembre de 1987, lunes, viajé quince veces, en trece meses, desde Valencia: Trece horas de tren, más autobús, para venir, y otras tantas para regresar.



Pude pensar mucho. ¡¡¡ Pensar !!! Es una de las cosas que agradezco a Dios. Me dio: tiempo para pensar.


El tiempo es precioso, el tiempo pasa. El tiempo es una fase experimental de nuestra suerte definitiva. De él depende nuestra suerte futura y eterna. Si damos pruebas de fidelidad a los propios deberes. Decía Pablo VI.


En pleno final del siglo XX. Cuando a algunos nos entró: primero, la prisa, que parecemos los hombres grises de “Momo”, "las" prisas, que no solo: para nada son buenas, sino que su víctima es la ternura. Y luego: el agotamiento.



Cuando dejé la Dirección de Promoción de los Colegios de “Fomento de Centros de Enseñanza” de Cantabria, 1995 llegó el regalo del ordenador de segunda mano de Torrevelo y Peñalabra. Luego el de mi hermano Ignacio. Pensé que era un buen momento para aprender. Ya tengo el tercero. No se me da mal, y le he cogido el gusto.



Pensé también titular este tomo como:



LA FUERZA DE LA EDUCACIÓN”:



Porque papá solía decir:


-(...) “Es cuestión de educación”.


Y mamá:


-“La educación, suple a la virtud”. “Con la educación se nace”.


Ahora no nos vamos a poner a discutir, pues sí, pues no..., Ellos lo decían. Y por contrarrestar el título y el contenido de la película que no tuvo éxito ninguno. “La mala educación”.


Lo de cristiana, lo pongo yo, porque lo así lo pienso:


-“El Cristianismo es la exquisitez[6]”. Y exquisita fue la que nosotras recibimos.






--------------------------------------------------------------------------------


[1] Don Leandro de Borbón, ¡por fin en junio de 2003! Ruiz de Moragas. Setenta y cuatro años solicitando este título.

[2] Blanca Sánchez-Robles.

[3] Para ser santa, porque con este nombre no hay ninguna. ¡Qué ingenua, creí que el camino sería algo más corto! Si mi abuela materna vivió cien.

[4] Cristina Gil Díaz-Usandizaga, mi médica competentísima de la Seguridad Social, en Palencia.

[5] Humedad de las noches en este tibio clima.

[6] Márian Amador. Médico. Humanista.

 
¡Bienvenido a mi espacio! 
Te vas a reir con mis memorias, porque eso es lo que pretendo.
Que te enganches a mi blog como aquel que arruinó la receta de Arguiñano. ¡Tan a gusto estaba leyendo! 
Un favor..., no te vayas sin dejar rastro. 
DIMELO...
 Gracias
Blu
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TogaHelena发表:

 

La paciencia es un árbol de raíz

amarga pero de frutos muy dulces.

Ten paciencia con todas las cosa

 pero, sobretodo contigo mismo

feliz fin de semana

helena

 
11 月 20 日
TogaHelena发表:
 

 ANGELES

  Casi todo , les sale bien a las personas de cáracter dulce y alegre

feliz fin de semana

se feliz 

besos helena

 FLORES - IMAGENES  0058

 

 

11 月 14 日
Hacía tiempo que no bajaba hasta aquí, ¡y mira que es bonito todo lo que me mandas!, me ha hecho muchísima ilusión.
Lo que más...,  es que te acuerdes de mí.
¡Muchísimas gracias Helena! Ya me dirás de dónde sacas el tiempo... ¡Con nietos y todo!
La tierra donde naciste es el "quid"... ¡Viva tu tierra
Un abrazo
Blu
8 月 12 日
TogaHelena发表:
feliz fin de semana 
6 月 19 日
¿Ves que precioso?, ¡Gracias Helena!
Blu
5 月 9 日

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