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日志


2月25日

En la vida, hay primaveras...

 

En la vida, hay primaveras

 

 

En la vida, hay primaveras y veranos, pero también llegan los inviernos, días sin sol, y noches huérfanas de luna. No podemos permitir que el trato con Jesucristo, o con nuestro amor, dependa de nuestro estado de humor, de los cambios de nuestro carácter.

Esas posturas delatan egoísmo, comodidad, y desde luego no se compaginan con el amor.

 

Por eso, en los momentos de nevada y de ventisca, unas prácticas piadosas sólidas —nada sentimentales—, bien arraigadas y ajustadas a las circunstancias propias de cada uno, serán como esos palos pintados de rojo, de nuestras carreteras de altamontaña, que continúan marcándonos el rumbo, hasta que el Señor decida que brille de nuevo el sol, se derritan los hielos, y el corazón vuelva a vibrar, encendido con un fuego que en realidad no estuvo apagado nunca: fue sólo rescoldo oculto por la ceniza de una temporada de prueba, o de menos empeño, o de escaso sacrificio.

 

 

2月21日

Somos hijos por regalo

Somos hijos por regalo

 

En estos tiempos nuestros, a veces no entendemos el significado de las palabras, o lo entendemos mal. Reminiscencias del estructuralismo de hace años.

Se vaciaban de contenido, y con el mismo término, no todos entendíamos lo mismo.

 

La palabra gracia, se puede entender en sentido popular, o en sentido teológico.

Aquí, vamos a hablar en sentido teológico:

La Gracia de Dios.

 

Hacer pues, el esfuerzo de familiarizarnos con él, porque el sentido de la Sagrada Escritura, no se puede cambiar.

 

La Gracia es un favor que nos da para hacernos santos.

Por una parte, todo es una gracia en nosotros, pero vamos a distinguir entre las gracias naturales, y las sobrenaturales.

Gracias naturales serían dormir bien, tener trabajo…, podría concedernos las un médico, un empresario…, pero, perdonar nuestros pecados es una gracia sobrenatural. Solo Dios puede hacerlo.

Y, es una gracia infinitamente mayor.

 

La Tradición católica, reserva el término gracia, para hablar de la Gracia de de los dones sobrenaturales, que Dios nos hace.

La Eucaristía es especialmente un don súper sobrenatural.

Es otro nivel, infinitamente superior.

 

Infinitamente quiere decir que tiene más mérito que todos los santos que hay y habrá en el cielo desde que el mundo es mundo. Incluidos los de la Virgen María.

 

Gracia, viene del latín, y significa gratis.

El amor es gratuito.

Dios, ama gratis: Al último que llegó, le pagó lo mismo que al primero. Al hijo pródigo, le acogió igual que al hermano mayor…

Es un escándalo, -pensaron-, porque los hombres, hacemos las cosas por el interés, “por el reparto de cromos”, dicen los niños.

 

La gracia es un auxilio.

Es un auxilio, para poder responder a su llamada.

Sin él, somos sordos.

Nos creo, ya es una gracia…

Dice san Agustín, -que es el santo se las frases redondas de sabiduría-, “la ley fue dada para que se implore la gracia, y la gracia, para que se cumpla la ley”.

 

Implorar la gracia, para que suspires por Él.

La gracia, para que le desees.

Para que le busques, como el ciervo que a las fuentes de agua fresca va a beber, sediento.

Para que le encuentres.

Para que le ames.

Para…

 

La ley, es el camino, y poca ley es pues lo tenemos inscrito en el corazón.

 

La esencia de la gracia es poder llegar a ser hijos de Dios, porque nada de eso que se dice popularmente:

¡Qué todos somos hijos de Dios!

De eso nada.

 

Hijos de Dios, son los que le acogieron…, lo cuenta san Juan en el hermoso prólogo de su evangelio:

 

1:1 Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.
1:
2 Al principio estaba junto a Dios.
1:
3 Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra
y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
1:
4 En ella estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
1:
5 La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la recibieron.
1:
6 Apareció un hombre enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
1:
7 Vino como testigo,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
1:
8 Él no era la luz,
sino el testigo de la luz.
1:
9 La Palabra era la luz verdadera
que, al venir a este mundo,
ilumina a todo hombre.
1:
10 Ella estaba en el mundo,
y el mundo fue hecho por medio de ella,
y el mundo no la conoció.
1:
11 Vino a los suyos,
y los suyos no la recibieron.
1:12 Pero a todos los que la recibieron,
a los que creen en su Nombre,
les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

1:13 Ellos no nacieron de la sangre,
ni por obra de la carne,
ni de la voluntad del hombre,
sino que fueron engendrados por Dios.
1:14 Y la Palabra se hizo carne
y habitó entre nosotros.
Y nosotros hemos visto su gloria,

la gloria que recibe del Padre como Hijo único,
lleno de gracia y de verdad.
1:
15 Juan da testimonio de él, al declarar:
"Este es aquel del que yo dije:
El que viene después de mí
me ha precedido,
porque existía antes que yo".
1:
16 De su plenitud, todos nosotros hemos participado
y hemos recibido gracia sobre gracia:
1:
17 porque la Ley fue dada por medio de Moisés,
pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
1:18 Nadie ha visto jamás a Dios;
el que lo ha revelado es el Hijo único,
que es Dios y está en el seno del Padre.

 

 Éramos creaturas.

Solamente son hijos de Dios, los que reciben, -los que se abren-, a esa gracia, los que viven en nombre de Cristo.

 

Dios, no puede más que llamar a nuestra puerta, -nos quiso libres-, y ofrecernos su amor.

Abrir, es ¡cada uno de nosotros!

¡Cosa nuestra!

Lope de Vega, lo expresa así:

 

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras? 
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío, 
que a mi puerta, cubierto de rocío, 
pasas las noches del invierno a oscuras? 

¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras, 
pues no te abrí!; ¡qué extraño desvarío, 
si de mi ingratitud el hielo frío 
secó las llagas de tus plantas puras! 

Cuantas veces el ángel me decía: 
"Alma, asómate ahora a la ventana, 
¡verás con cuánto amor llamar porfía"! 

¡Y cuántas, hermosura soberana: 
"Mañana le abriremos", respondía, 
para lo mismo responder mañana! 

 

Alma a quien todo un Dios prisión ha sido…

No teoricemos. Es, la palabra de Dios, no puedo arrancar un par de páginas a la Biblia.

 

Hijos.

Somos hijos adoptivos de Dios.

Adoptivos, no significa menos.

No es ser un hijo de segunda categoría.

Es ser hijo por regalo.

No nos correspondía por naturaleza.

Nos ha sentado a su mesa.

En su casa.

Con la misma herencia que su hijo.

 

La gracia, nos hace participar de la naturaleza de Dios.

Por eso, no decimos en balde que nos diviniza.

 

Cuando uno ama las cosas en extremo, se cosifica.

Se hace materialista.

Cuando uno ama a Dios, se deifica.

 

La gracia es la gloria en el exilio, dice el converso inglés Cardenal Newman, y termina: La gloria será la gracia en casa.

 

A veces, entendemos la gracia en plan cosificado…, o de energía. Tipo New Age…

Es, la amistad misma de Dios que se entrega.

Que se nos da.

Que nos acompaña.

Cercano.

 

Sabemos lo que somos…, si es que lo sabemos.

Pero…

Lo que llegaremos a ser…

¡Eso no lo sabemos!

 

Estamos llamados a ser icono de Dios.

El espejo.

Su espejo.

 

Fuimos su imagen en la creación.

Deformados por el pecado.

Restaurados por Cristo.

Y seremos consumados en el cielo.

 

El mayor drama: Creer que no necesitamos la gracia.

El soberbio, jamás llenará el deseo de infinito que siente en su corazón.

 

¡Qué grande debe de ser el hombre, para que solo un Dios pueda calmar su sed de soledad!