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1月12日 Luna Nueva..., la primera y más brillante de este añoLuna Nueva..., la primera y más brillante de este año 2009
Esto dice Montse hace seis horas.
¡Qué acertado!
A nosotros nos ha nacido el primer nieto.
El primer biznieto de mi madre:
¡Bienvenido Riki!
4kg y 200 gramos.
52 ó 56 cm, depende de quien me llame...
Están nerviosos de alegría.
¡Ninguno somos tan grandes!
Se parece a su padre.
La luna llena más brillante de este año 2009 1月2日 La dignidad de la persona no está en la saludLa dignidad de la persona no está en la salud
El respeto a los muertos
También forma parte del 5º mandamiento el respeto a los muertos.
A los moribundos, hay que ayudarlos a que mueran con dignidad. A los enfermos. A los ancianos, ante su decrepitud.
El cristianismo transformó la cultura griega, con su ideal de equilibrio en las formas…, transformó a los bárbaros incluso.
En Gracia se celebraba una fiesta al llegar a cierta edad, luego se les despeñaba.
Y es que la dignidad de la persona no está en la salud. En el cristianismo, es otra cosa. La dignidad, va más allá de la muerte.
En el siglo XIX, Nietzsche combatió “los valores de los perdedores”, -decía-. La humildad, la misericordia…, la compasión, la pobreza, y difundió la cultura de la salud. Es el padre del nazismo, del comunismo. Claro que acabó su vida en un manicomio.
Hoy en día estamos es ese debate postmoderno disfrazado de libertad y tolerancia, que nos lleva a dimitir de la vida, a pedir la muerte.
Pido, la libertad de amar. Hay otros valores distintos. La muerte cruel, no es humana. La dignidad es mayor, cuando el hombre es más débil. Es más sustancial que la salud, que el éxito.
¿Lo esencial? ¿Qué es lo que le hace al hombre ser hombre?
Ser digno hijo de Dios. Su dolor. Su sufrimiento, con paz, le hace parecerse a Cristo en la Cruz.
Los cristianos tenemos un plus que los demás no tienen: La hora de Jesús. Su muerte.
Y nosotros, al morir, entregamos la vida de una vez, y partimos para la vida eterna.
El parto, de partir, es agridulce. Como el de una madre.
Morir es doloroso, pero está naciendo la Vida, con mayúscula. La vida eterna.
Tenemos una razón extra para amarla, que no tienen los no creyentes. Es un reto. Por eso acompañamos. Para una buena muerte.
En pagano, una buena muerte, es morir sin darse cuenta. En cristiano es otra cosa. Morir preparados. No asustarse. No hacer de ella un tabú. Es una fuente de Gracia. Necesitamos que se nos ayude a orar. La vida no tiene sentido sin la muerte. Es una escuela de humanidad, para ambos.
Son misteriosas la vida y la muerte. Dar sobrenaturalidad a algo tan natural. Rezarle jaculatorias. Usar el agua bendita. Hay tentaciones…
Tenemos una comunión de destino en la familia. Es el Getsemaní. Jesús, pidió compañía entonces…
Es el último combate con Satanás:
¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu…!
Morir es la batalla más importante de la vida. No dejarnos solos ni física, ni espiritualmente.
Sin problemotes para ofrecer la Unción de enfermos que nuestra cultura impregna todo de neopaganismo. Adaptándonos a la sensibilidad del enfermo, pero trasmitiéndole esperanza, porque el moribundo sabe que le llega la hora. La vida temporal tiene fecha de caducidad.
La esperanza nuestra es transcendente. Vitalmente transcendente, no en la teoría, en la practica. ¿Y si sospecha? La sospecha no es pecado.
La cosa es buscar caminos. Acompañar a los que se mueren. Todos somos moribundos desde que contrajimos la enfermedad de vivir. |
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